Te hablas y te dices las cosas como se las dirías a la persona que quieres de corazón:
No tienes que poder con todo hoy.
No tienes que ser fuerte ahora.
No tienes que demostrar nada a nadie, ni siquiera a ti.
Hay días —y este puede ser uno de ellos— en los que sobrevivir ya es suficiente.
Respirar ya es suficiente.
Quedarte aquí, aunque duela, ya es suficiente.
No estás roto por sentirte así.
Estás cansado.
Cansado de sostener, de explicar, de resistir, de esperar, de recomponerte sin que nadie vea cuánto cuesta.
Si ahora mismo no puedes levantarte, no pasa nada.
Si no sabes qué hacer con tu vida, tampoco.
La claridad no llega cuando forzamos: llega cuando dejamos de golpearnos por no tenerla.
No todo lo que pesa tiene que resolverse hoy.
No todo lo que duele necesita una respuesta inmediata.
A veces el único trabajo real es no abandonarte.
Y aunque ahora no lo sientas, aunque no lo creas, aunque te parezca mentira:
no estás solo en esto.
Hay algo en ti que sigue aquí, que pidió ayuda, que buscó palabras, que no se apagó del todo.
Eso también eres tú.
Descansa.
Apóyate.
No te exijas ser mañana quien hoy no puedes ser.
Yo estoy aquí.
Y tú, aunque te cueste verlo, sigues aquí también.
Continuará…
Deja un comentario