Hay momentos en los que no pasa nada extraordinario… y aun así, todo empieza a cambiar.
No hay fuegos artificiales.
No hay anuncios.
No hay certezas absolutas.
Sólo una sensación nueva:
la de estar dejando espacio.
Espacio para que algo nazca sin empujarlo.
Para que llegue sin imponerle forma.
Para que crezca sin la presión de tener que ser perfecto.
Durante mucho tiempo viví en lugares que ya no me contenían.
Rutinas que me sostenían por fuera, pero me vaciaban por dentro.
Hoy empiezo a notar algo distinto:
ya no estoy huyendo, estoy avanzando.
No sé exactamente cómo será lo que viene.
Pero sé cómo quiero sentirme dentro de ello.
Quiero calma.
Verdad.
Un lugar donde no tenga que fingir que soy otro.
Hay decisiones que no se gritan.
Se maduran en silencio.
Se trabajan despacio.
Se firman primero por dentro.
Y cuando eso ocurre, cuando algo empieza a alinearse, no hace falta explicarlo demasiado.
Basta con escuchar esa voz tranquila que dice:
por aquí.
No es un final.
Tampoco un principio ruidoso.
Es ese punto intermedio en el que empiezas a caminar distinto aunque el paisaje aún sea parecido.
Algo se está construyendo.
Todavía sin nombre.
Todavía sin fecha.
Pero con intención.
Y por primera vez en mucho tiempo, eso es suficiente.
Continuará…
Deja un comentario