No todo cambio empieza con entusiasmo.
Algunos empiezan con cansancio.
Con una decisión tomada a puerta cerrada.
Con el cuerpo diciendo basta antes de que la cabeza se atreva a aceptarlo.
Estoy en ese punto extraño en el que ya no miro atrás con nostalgia, pero tampoco he empezado del todo a caminar hacia delante. Un lugar intermedio. Un descanso necesario. Un silencio que no es vacío, sino preparación.
Durante mucho tiempo viví reaccionando.
A lo que dolía.
A lo que se rompía.
A lo que no fue.
Hoy no estoy reaccionando a nada.
Hoy simplemente me quedo.
Me quedo conmigo.
Con lo que soy ahora.
Con lo que aprendí a base de perder.
Con lo que ya no quiero repetir.
No necesito grandes discursos ni promesas. No necesito convencer a nadie. Lo importante ya está decidido por dentro, aunque por fuera todavía todo parezca igual.
Hay días en los que no pasa nada…
y aun así, pasa todo.
Porque cuando dejas de huir, cuando dejas de sostener lo que te vacía, cuando ya no fuerzas explicaciones ni permanencias, algo empieza a colocarse en su sitio sin hacer ruido.
No estoy celebrando.
No estoy anunciando.
No estoy corriendo.
Estoy ordenando el silencio antes de llenarlo de vida.
Y eso, aunque no se note desde fuera, es avanzar.
Continuará…
Deja un comentario