Día tres
Hoy he llegado a casa a las 22:25.
Salí a las 8:00 de la mañana.
Si antes echaba horas para algo que no era mío, ahora estoy echando aún más… pero de otra manera.
No pesa igual.
Cansa, sí.
Agota el cuerpo, sí.
Pero no vacía.
Es un sacrificio grande, enorme incluso, pero por primera vez en mucho tiempo sé exactamente por qué lo hago.
Por mí.
Para mí.
Y eso lo cambia todo.
No hay épica hoy.
No hay frases bonitas.
Sólo cansancio…
y la certeza de estar caminando en la dirección correcta.
Mañana seguirá doliendo el cuerpo.
Pero ya no duele el alma.
Continuará…
Deja un comentario