Otra jornada prácticamente calcada a la de ayer.
Mismo cansancio, mismas horas, misma sensación de no parar.
Aunque hoy, por suerte, con algo más de ayuda.
He hecho los primeros pedidos de cervezas y refrescos para el bar.
Dicho así suena casi normal, pero por dentro ha sido una locura.
De esas que te sacuden y te hacen pensar:
“Esto ya es real. Ya no hay marcha atrás.”
No todo es ilusión.
Hay vértigo.
Hay responsabilidad.
Hay miedo.
Pero también hay algo nuevo que antes no estaba:
la sensación de estar construyendo algo propio, aunque cueste, aunque agote.
Hoy no ha pasado nada extraordinario.
Y, aun así, ha pasado todo.
Porque cada pequeño paso confirma lo mismo:
ya estoy dentro.
Y ahora solo queda seguir.
Continuará…
Deja un comentario