Salí de casa a las seis de la mañana.
Ahora vuelvo.
Ha sido un día largo, de esos que no solo se miden en horas, sino en todo lo que llevas por dentro mientras sigues funcionando. Hoy, además del cansancio físico, se me han sumado noticias que remueven, recuerdos que aprietan y despedidas que, aunque necesarias, duelen más de lo que uno espera.
Aun así, seguí.
Con la cabeza alta, aunque por dentro todo estuviera revuelto.
Porque hay días en los que no queda otra que caminar con el peso a cuestas y confiar en que, más adelante, todo esto tenga sentido.
Hoy no toca entender nada.
Hoy toca llegar a casa, respirar hondo y recordar que, incluso agotado, sigo avanzando.
Y eso también cuenta.
Continuará…
Deja un comentario