1158. Cuando el día pesa, pero no me detiene

By

Hoy no ha pasado nada extraordinario.

Y, aun así, ha sido uno de esos días que dejan huella.

He trabajado. He seguido avanzando. He hecho lo que tocaba hacer.

Pero por dentro, el día venía cargado. De pensamientos, de despedidas silenciosas, de recuerdos que ya no duelen como antes… pero que aún se notan al pasar.

Hay días en los que no hace falta que ocurra nada grande para que todo pese.

Basta con darte cuenta de cuánto has cambiado.

De todo lo que has dejado atrás.

De las personas que ya no están.

De las versiones de ti que ya no volverán.

Hoy he sentido cansancio, sí.

Pero no ese cansancio que te vacía, sino el que aparece cuando llevas tiempo sosteniéndote con dignidad.

Ese que no pide rendirse, sólo bajar un poco el ritmo y respirar.

También he sentido algo nuevo: claridad.

No absoluta, no perfecta, pero suficiente.

La certeza de que, aunque haya días grises, ya no estoy perdido.

De que, incluso cuando duele, no estoy retrocediendo.

Sigo construyendo.

Sigo avanzando.

Sigo eligiéndome, incluso cuando cuesta.

Y quizá eso sea lo más importante de hoy:

no fue un gran día, pero fue un día honesto.

Y eso, ahora mismo, es más que suficiente.

Mañana será otro paso.

Hoy, simplemente, me permito sentir… y descansar.

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario