1160. Cuando recuerdas que no hay tiempo infinito

By

Hoy bajé un poco el ritmo.

No porque no haya cosas que hacer —las hay—, sino porque también hace falta parar para entender por qué las haces.

Y entonces apareció una frase.

De esas que no gritan, pero se quedan.

De esas que te obligan a mirar la vida de frente, sin adornos.

“A veces vivimos como si hubiera prórroga para todo.

Como si siempre pudiéramos llamar mañana.

Como si las personas fueran eternas.

Como si las oportunidades esperaran pacientemente a que estemos listos.

Y no.

La vida es un ratito.”

Un suspiro largo, pero finito.

Las personas pasan, cambian, se van… o nos vamos nosotros.

Y las oportunidades no avisan cuando es la última vez que llaman.

Quizá por eso duele tanto darse cuenta tarde.

Quizá por eso cuesta tanto decidir.

Porque elegir implica renunciar, y renunciar duele.

Pero quedarse inmóvil duele más.

Hoy entendí que no quiero seguir viviendo como si tuviera todo el tiempo del mundo.

No quiero posponer lo que importa.

No quiero guardarme palabras, gestos, decisiones.

No quiero llegar al final pensando “si hubiera…”.

No se trata de correr.

Se trata de estar despierto.

De elegir con conciencia.

De apostar, incluso con miedo.

Porque cuando recuerdas que nada es eterno, empiezas a vivir con más verdad.

Y con menos excusas.

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario