Hoy, después de más de un año sin fallar, no escribí.
No porque no tuviera nada que decir, sino porque estaba viviendo.
Hay días en los que el cuerpo manda, el cansancio gana y la cabeza necesita silencio. Y también eso forma parte del camino. No todo es constancia perfecta; a veces, sostenerse también es parar.
Mañana volveré a escribir.
Hoy, simplemente, seguí adelante.
Continuará…
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