A veces el cuerpo dice basta antes que la cabeza.
Hoy ha sido uno de esos días en los que el cansancio pesa en cada músculo, en los que sabes que has dado más de lo que tenías… y aun así sigues.
He pasado el día preparando pinchos, pensando en la semana que viene, adelantando todo lo posible. Estoy agotado, sí. Pero es un cansancio distinto. No es ese que vacía, ni el que apaga. Es un cansancio que nace de construir, de hacer algo propio, de poner las manos donde también está el corazón.
Mañana empieza la semana “de verdad”, y yo ya voy un paso por delante. Con sueño, con el cuerpo rendido… pero con una calma que hacía mucho que no sentía.
Hoy no hay grandes reflexiones. Solo una certeza sencilla y poderosa:
estoy cansado, pero estoy en paz.
Continuará…
Deja un comentario