Hoy no ha habido espacio para pensar demasiado.
Demasiado trabajo, demasiadas horas en pie, demasiadas cosas pasando a la vez.
De esos días en los que el cuerpo va por inercia y la cabeza solo se centra en sacar lo que hay delante. No ha sido bonito, ni ligero, ni especialmente inspirador… pero ha sido real. Y necesario.
Hay jornadas que no dejan reflexión, solo cansancio.
Y aun así, también cuentan.
Porque sostener, aguantar y cumplir cuando aprieta forma parte del camino, aunque no tenga épica.
Hoy toca cerrar el día, descansar lo que se pueda y aceptar que no todos los pasos se sienten igual, pero todos empujan hacia delante.
Mañana será otro día.
Y eso, ahora mismo, es suficiente.
Continuará…
Deja un comentario