Anoche entendí algo que me cuesta aceptar.
No es que no quiera superarlo.
No es que quiera volver.
No es que sueñe con recuperar lo que fue.
Es que soy una persona que cuida.
Y me cuesta dejar de cuidar incluso cuando ya no me corresponde hacerlo.
Hay vínculos que no se rompen de golpe.
Se transforman en otra cosa más silenciosa, más rara.
En mensajes puntuales.
En consultas de trabajo.
En una excusa mínima para no desaparecer del todo.
Y yo contesto.
Porque soy así.
Porque no sé mirar hacia otro lado cuando alguien que me importó necesita algo.
Pero también entendí otra cosa:
no todo lo que hago por coherencia conmigo mismo me hace bien.
A veces no es amor lo que me mantiene ahí.
Es la costumbre de sostener.
La dificultad de aceptar que ya no soy parte de su vida, aunque siga apareciendo en momentos concretos.
No quiero odiar.
No quiero rencor.
No quiero hacer ruido.
Solo quiero aprender a estar en paz… incluso cuando eso implique dejar de estar disponible.
Y eso, aunque parezca pequeño, para mí es enorme.
Continuará…
Deja un comentario