1188. No todos los días son intensos… y eso también está bien

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Hay días que no traen grandes revelaciones.

No hay conversaciones profundas.

No hay giros inesperados.

No hay decisiones que cambien el rumbo.

Solo trabajo.

Rutina.

Cansancio.

Y, sin embargo, algo está cambiando.

Porque antes el cansancio venía acompañado de vacío.

De sensación de estar en un lugar que ya no era mío.

De sostener algo que me drenaba por dentro.

Ahora el cansancio es distinto.

Sigo agotado, sí.

Pero no estoy vacío.

Estoy construyendo.

Estoy moviendo piezas.

Estoy aprendiendo a estar en paz aunque el día no haya sido brillante.

No todos los días tienen que doler para ser importantes.

No todos los días tienen que emocionar para estar avanzando.

A veces el verdadero progreso es silencioso.

Es no escribirle.

Es no reaccionar.

Es no engancharse a un pensamiento que antes me habría arrastrado.

Es seguir.

Y aunque todavía haya recuerdos que aparecen sin avisar,

aunque aún haya momentos que aprietan el pecho,

ya no me definen.

Hoy no fue extraordinario.

Y eso, después de tanto movimiento interno, casi se siente como un logro.

Porque a veces sanar no es sentir menos.

Es que lo que sientes ya no te desarma.

Y hoy, simplemente, caminé.

Sin drama.

Sin épica.

Pero hacia adelante.

Continuará…

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