1189. Cuando mi mente se queda sola contigo

By

Le tengo miedo a mi mente cuando no está ocupada.

Porque cuando todo se calla, tú vuelves.

No necesito buscarte.

No necesito abrir fotos.

No necesito leer nada antiguo.

Basta con que el día se detenga un segundo… y apareces.

Y entonces empieza el interrogatorio.

“¿Qué hice mal?”

“¿En qué momento empezó a romperse?”

“¿Si hubiera reaccionado distinto…?”

“¿Y si todavía…?”

Mi cabeza construye escenas que ya no existen.

Reproduce conversaciones que no van a repetirse.

Ensaya respuestas para preguntas que nadie va a hacer.

Y lo peor no es recordarte.

Lo peor es que en ese silencio me convierto en el culpable perfecto.

Repaso mis errores como si al analizarlos lo suficiente pudiera cambiar el final.

Me castigo por no haber sabido ver lo que ahora parece tan evidente.

Me reprocho silencios.

Me reprocho decisiones.

Me reprocho haber amado tanto.

Mi mente no descansa.

Me lleva a ese lugar donde tú ya no estás… pero yo sigo.

Y ahí duele.

No porque quiera volver.

Sino porque aún duele haber sido reemplazable.

Porque mientras yo intentaba salvar algo, tú ya estabas planificando otra vida.

Y eso es lo que mi mente no suelta.

No es el amor.

Es la humillación silenciosa de haber sido el último en enterarse.

Por eso me mantengo ocupado.

Por eso trabajo hasta el agotamiento.

Por eso lleno el día de ruido.

Porque cuando paro, la verdad me alcanza: aún hay una parte de mí que no entiende cómo algo que fue tan intenso pudo terminar siendo tan poco.

Y sé que la solución no es huir de mi cabeza.

La solución es aprender a mirarla sin dejar que me destruya.

Pero hay noches… en las que el silencio pesa más que cualquier jornada.

Y ahí sigo aprendiendo.

A no creer todo lo que pienso.

A no confundir recuerdo con presente.

A no dejar que un amor que terminó siga gobernando mi paz.

Porque tú ya no estás.

Pero mi mente, a veces, todavía no lo acepta.

Y ese es el verdadero campo de batalla.

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario