En esta carta que nunca te enviaré quiero confesarte dos cosas… y aunque sé que no debería, aunque esta honestidad sólo me hará más vulnerable, necesito decirlo.
La primera confesión es que yo también estoy decepcionado de mí. Sí, suena extraño, pero lo estoy. No soy más que un tipo común, sin nada en particular, sin nada que me haga memorable. Para el mundo, apenas soy un número en negativo, una figura sin valor, alguien que no sobresale en nada. Y, te lo confieso, ni siquiera yo me escogería para amar. Ni siquiera yo, conociéndome tan bien, me daría una oportunidad. No merezco amor, no después de todos los errores que he cometido, después de tantas promesas rotas, de tantas esperanzas que no supe cumplir. Es como si cada paso en falso, cada tropiezo, hubiera dejado marcas en mi corazón, y esas marcas son recordatorios de que alguien como yo, no debería aspirar a amar ni a ser amado. Y sin embargo, sigo amándote con una intensidad que ni yo puedo comprender… amándote como si aún fuera digno de ti, como si en algún rincón de este ser imperfecto hubiera algo que pudiera ser suficiente para ti.
Mi segunda confesión… es que te he intentado olvidar. Y créeme, lo he intentado con todas mis fuerzas. He tratado de borrar tu nombre de mi mente, de cerrar cada puerta que me lleva a ti. Pero, te amo… y por más que lo intento, no sé cómo arrancarte de mi corazón. Cada intento de olvidarte, solo me hace recordarte más, como si al intentar sacarte, dejaras raíces aún más profundas en mi ser.
Es un amor que me consume, que me supera… y a pesar de todo, es un amor del que no quiero desprenderme, aunque me duela, aunque sepa que nunca volverá a ser correspondido.
A veces, me río de mí mismo… es tan tonta la forma en que te amo, ¿verdad? como si fuera el protagonista de un chiste triste del que todos se ríen, todos, menos yo. Para los demás, tal vez sea una historia sin sentido, pero para mí, esto es tan real, tan profundo, que no sé cómo explicarlo. Es un dolor dulce, una tristeza que se ha vuelto parte de mí, que me acompaña y que, de algún modo extraño, ni quiero ni puedo dejar ir.
Pero, ¿sabes? No me importa. No me importa cuántos días pasen, cuántas semanas, cuántos meses o años se acumulen en mi espalda. No me importa si el tiempo trata de arrancarte de mis recuerdos, si la vida intenta imponerme otras realidades porque para mí, tú siempre serás esa niña que un día, sin darse cuenta, cautivó mi corazón. Esa niña que, con una sonrisa, logró robar un pedazo de mí que sé que jamás volveré a recuperar. Y, aunque me duela, me siento afortunado de que haya sido así, porque no cambiaría ni un segundo de este amor que siento por ti, aunque el mundo cambie, aunque las estaciones se marchen y vuelvan mil veces, yo siempre te elegiría a ti, sin pensarlo, sin dudarlo, una y otra vez, en cada instante que pueda, porque en mi corazón, tú eres y serás siempre la elección que haré, la única que verdaderamente me importa. No hay otra opción para mí, no hay otra persona, porque tú llenaste cada espacio vacío de mi vida, y aunque nunca pueda volver a tenerte, aunque este amor sólo sea mío, te llevo conmigo en cada pensamiento, en cada suspiro, en cada latido.
Continuará…
Deja un comentario