Ten claro algo, puede que ya no sea el momento, que aunque pareciera que no lo hacía, sí que era así, cuando todo tu mundo se tambalee y parezca que no para de girar sin control, estaré ahí.
No para salvarte que era lo que intentaba hacer antes por mi solo, sino para sostenerte de la mano mientras encuentras tu equilibrio. He entendido de la peor forma posible que, a veces, el mayor acto de amor sólo es quedarse, dar apoyo, no es necesario ser el héroe de nadie, basta con ser ese refugio en medio de la tormenta, ese susurro que te recuerda quién eres cuando todo se apaga.
Tropezaremos, caeremos, pero nunca te dejaré sola en el suelo. Mi mano estará ahí, siempre extendida, lista para levantarte si lo necesitas y si aceptas sostenerte en ella. Conozco el abismo y sé lo que es necesitar a alguien que crea en ti cuando ni siquiera tú puedes hacerlo.
Cuando te pierdas en la oscuridad, si me dejas seré la luz que te guie de regreso a ti. El amor que proceso hacia ti no se desvanece, no se quiebra ante las dificultades. Se fortalece en cada herida, en cada silencio roto.
Guardaré cada rincón de lo que fuimos, hasta que puedas volver a ver la belleza de lo que un día llegamos a ser juntos.
Estaré ahí, protegiendo lo que aún no se ha dicho, lo que late en el fondo. No importa cuántas veces necesites encontrar tu camino de regreso. Pensar en ti es mi refugio, me ofrezco para ser el tuyo.
Estaré ahí, no lo dudes, no lo olvides.
Continuará…
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