Hoy escuché una frase que me llamó la atención, decía:
“Quien tiene el coraje para hacer el bien, tiene que tener la sabiduría para aguantar la ingratitud”.
Analizando esto, me puse a dar vueltas sobre cuántas y cuántas veces he dado lo mejor de mi poniendo, incluso, la felicidad de otras personas por encima de la mía y al final, sólo encontraba indiferencia.
Es muy duro, está claro, aunque también me he dado cuenta de que realmente, no todos somos iguales, tengo un corazón puro, intento no hacer daño a nadie y tratar a todos como a mi me gustaría que me tratasen pero, no puedo esperar que los demás tengan la misma reacción que yo tendría.
Creo que, cuando lo piensas fríamente, a veces el verdadero reto es elegir hacer el bien sin esperar nada a cambio. La verdadera recompensa no se obtiene de los demás, viene del crecimiento que obtienes actuando así, ni la antipatía ni la gente deben detenerte porque al terminar el día tu conciencia siempre dormirá tranquila y, realmente eso es lo que importa en esta vida.
Continuará…
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