Sin importar si te lo mereciste o no, he comprendido que a veces uno ama no para corresponder un mérito ajeno, sino por el simple hecho de que necesita hacerlo: entregarse aunque la otra persona no lo pida, aunque no lo quiera, aunque no lo merezca.
Hay necesidad en eso, porque el alma ansía sentir la experiencia de ser vulnerable, de arriesgarse y convertirse en blanco de mil dardos, con la esperanza de recibir, a último momento, un abrazo que aprecie la nobleza que entrega y que le haga confiar en ese gesto de correspondencia, porque en el fondo anhela sentirse cuidada.
Es por este motivo que me entregué de esa forma. De mí tuviste todo lo que podía entregarte: mi intencionalidad, mi inspiración, mis sueños, mi amor y nada de eso fue suficiente para que te quedaras.
Continuará…
Deja un comentario