Bueno, pues después de muchas idas y venidas, de cantidad y cantidad de entradas dedicadas a ella, esta será la última.
Supongo que hay cosas que sólo pueden terminar de una forma: sin ruido, sin drama, sin un gran cierre. Hoy simplemente entendí que no había nada más por lo que esperar.
No me sorprendieron sus palabras, en el fondo ya las sabía, aunque nunca las había dicho. Pero aún así, fui yo quien tuvo que hacer la pregunta. Fui yo quien, por última vez, le dio la oportunidad de ser honesta y clara con sus sentimientos. Y ahora, con todo claro, lo único que me pregunto es por qué tardé tanto en pedir que me lo dijera en voz alta.
No hay rencor, no hay tristeza, no hay nada que valga la pena sostener pues tuve que ser yo quien se rompiera así mismo el corazón para poder tenerlo claro. Ya sólo queda la certeza de que esta historia, al final, se cerró sola.
Y con eso basta.
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