556. Cartas desde el alma: entre lo que fui y lo que soy

By

Este viernes ingreso en el hospital. Me harán una intervención que, aunque no sea la más peligrosa del mundo, requiere anestesia general. Y con eso, inevitablemente, vienen las vueltas. Las mías, que ya sabes que no son pocas. No por el procedimiento en sí, sino por lo que podría pasar si algo no sale como debería.

Técnicamente todo está claro, médicamente todo parece controlado. Pero emocionalmente… hay tormenta.

No tengo miedo a dormirme, tengo miedo de no despertar. No por mí, sino por lo que quedaría sin decir. Porque me doy cuenta de que sigo arrastrando palabras que nunca dije, errores que no sé si reparé del todo y emociones que aún no sé dónde guardar.

Soy una persona que sobrepiensa. Todo. Y, por supuesto, esto no es la excepción. Porque aunque no lo diga en voz alta, en mi cabeza ya han pasado mil escenarios. Y aunque sé que lo más probable es que todo salga bien, también sé que el miedo se cuela entre las rendijas del pensamiento y me susurra cosas difíciles de ignorar.

Y si algo pasara, si algo fallara en el proceso, quiero dejar esto claro. No por dramatismo, sino por paz.

Lo primero que haría sería hablarme a mí mismo, con ternura, como pocas veces lo he hecho. Me diría:

“Óscar, todo va a salir bien. Pero si algo no quiere que así sea, siéntete orgulloso. Hiciste todo con el corazón. Lo mejor que supiste, lo mejor que pudiste. Quisiste con intensidad, te quisieron de verdad. Y si este fuera el final, que el otro lado nos reciba con la misma luz con la que tú intentaste vivir aquí.”

A continuación, pienso en dos personas. Siempre las mismas. Una es presente, la otra es pasado. Pero ambas ocupan rincones muy profundos de mí.

J, que me ha devuelto la calma, que quiere acompañarme, que me ofrece su cuidado sin pedir nada. Le he dicho que no es necesario, que el hospital no es sitio para ella, que la espera es dura… pero mientras digo eso, me imagino a mí mismo solo en esa habitación, y me entra el frío de la soledad que conozco demasiado bien. No quiero molestar, no quiero ser carga, no quiero repetir errores del pasado. Pero también sé que si ella está, todo es más fácil. Que si me sujeta la mano, mi miedo se calla. Que si me sonríe, mi cuerpo recuerda que está hecho para resistir.

S, en cambio, es esa historia que aún no sé en qué capítulo quedó. Lo que más miedo me da de esta operación no es la operación en sí, sino pensar que quizás me quede un día de trabajar contigo y que, si algo sale mal, nunca más te vuelva a ver. Que si no despierto, no podré decirte que te sigo queriendo, aunque no lo entienda. Que aún duele todo lo que no fue. Que me siento culpable por haberte alejado creyendo que así te protegía, cuando en realidad solo me protegía a mí. Me enseñaste muchas cosas, entre ellas que uno también puede perder lo que más ama por callarse lo que debería haber gritado.

Y eso me rompe.

Me he hecho muchas preguntas estos días. Algunas me han llevado a nuevas heridas, otras a verdades que tenía miedo de mirar. Pero también me han dado respuestas, y esas respuestas se han convertido en cartas. Hoy las escribo por si acaso. No por dramatismo, sino porque quiero dormir tranquilo, sabiendo que si algo se apaga… al menos dejé claro lo que nunca supe decir bien.


A ti, J:

A ti, que llegaste sin promesas pero con verdad.

No puedo evitar pensar en cómo me haces sentir cuando todo tiembla: en paz. Me sigues demostrando que estar al lado de alguien no es invadir, sino abrazar incluso cuando no se entienden todas las piezas. Gracias por querer quedarte, por calmar mi caos sin exigirme orden. Por querer cuidar de mí, incluso cuando yo mismo dudo de si merezco ese cuidado.

Y si algo pasara, si la vida decide poner a prueba esta historia que apenas empieza, quiero que sepas que has sido un regalo inmenso. Que cada paso contigo me devuelve la fe en que amar bien aún es posible.

Perdón por mis dudas, por mis miedos, por los fantasmas que aún habitan mi mente. Pero si algo tengo claro es que no quiero fallarte. Y que, si despierto, una de mis primeras sonrisas será por ti.


A ti, S:

Nunca supe cómo decirte todo esto sin romperme. Quizá por eso me lo guardé, quizá por eso dolió tanto. Pero si estás leyendo esto, es porque hay cosas que ya no puedo seguir escondiendo.

Te amé como no he amado a nadie. Con errores, sí, pero con verdad.

Y si te alejaste fue porque yo no supe enseñarte todo lo que mi silencio escondía. Pensé que protegerte de mis sombras era suficiente, pero olvidé mostrarte mi luz.

Si este fuera el final, me dolería que creyeras que no sentí lo que dije.

Porque lo sentí… más de lo que pude manejar.

No busco que vuelvas, ni que entiendas, solo que nunca digas que no te amé.

Porque si algo se apaga, me gustaría que lo último que supieras de mí fuera eso: que fuiste todo para mí y yo fui tuyo incluso cuando para ti ya no era nada.


Al resto de mi mundo:

Y por último, si esta carta fuera leída por quienes me conocen “por fuera”, por quienes comparten la vida cotidiana conmigo pero no este corazón que a veces grita en silencio, les diría:

“Lo siento. Durante mucho tiempo oculté mi verdadero yo. Pensé que ser fuerte era no mostrarme vulnerable. Creí que esconder mis emociones era protegerme. Pero este soy yo. Con luces y con sombras. Y aunque no me conocierais del todo, siempre os he querido con todo lo que llevaba dentro.”

Este no es un adiós. Es solo una carta escrita por si acaso. Una tregua conmigo mismo. Un permiso para sentir miedo sin avergonzarme de ello. Y una promesa:

Si despierto —y sé que lo haré— viviré aún más despierto.

Amaré sin miedos, mostraré mi alma sin filtros, y no volveré a esconder mis emociones por pensar que incomodan.

Porque si algo me ha enseñado esta espera es que lo más importante “no es cuánto tiempo vivas, sino cuánta verdad llevas dentro cuando lo haces.”

Continuará…

Posted In ,

4 respuestas a “556. Cartas desde el alma: entre lo que fui y lo que soy”

  1. Avatar de BDEB

    Ante todo calma Oscar, se que da respeto pero ya verás que todo sale bien. Y al tema de que J quiere acompañarte, déjale que lo haga, es bueno esa mano que te sujeta antes de cruzar esa puerta y terminar de «espabilar» con esa mano agarrándose fuerte a la tuya.
    Que vaya muy bien mañana y todo lo que has dicho aquí lo podrás decir directamente.
    Un abrazo Oscar.

    Le gusta a 1 persona

    1. Avatar de Óscar David

      Muchas gracias por lo ánimos, si lo más normal del mundo es que todo salga bien, problemas con las anestesias se dan puntuales y jamás he tenido miedo de ningún tipo, confío en los profesionales pero con la racha de desgracias que llevo, me pongo a darle vueltas y…
      En cuanto a lo de J por mucho que la insista en que no es necesario que me acompañe, con lo que la conozco lo va a hacer igualmente y me vendrá genial tenerla al lado para apaciguar los nervios y darme ese último empujón de fuerza.
      Un besito y muchas gracias, otra vez. 😘

      Le gusta a 1 persona

  2. Avatar de manuelwarlok

    Amimo oscar ,esperamos tus escritos.

    Le gusta a 1 persona

    1. Avatar de Óscar David

      Muchas gracias, amigo. Un abrazo

      Le gusta a 1 persona

Replica a Óscar David Cancelar la respuesta