Epílogo de la serie: Sana, para vivir de verdad.
Querido yo,
Sé que hubo días en los que pensaste que no ibas a poder más.
Sé que hubo noches en las que el dolor hablaba más alto que la esperanza.
Sé que hubo momentos en los que abrazar el vacío parecía más fácil que seguir luchando.
Pero mírate ahora.
No estás ileso, y tampoco hace falta.
Cada cicatriz en tu pecho, cada grieta en tu voz, cada lágrima no llorada… son prueba de que seguiste.
Sana —te pedías—.
Pero sanar no era olvidarlo todo.
Sanar era abrazar tu historia sin que te rompiera cada vez que la recordabas.
Sana —susurrabas—.
Y aprendiste que el amor propio no era mirarte en el espejo y gritarte que eras suficiente.
Era sentarte en silencio frente a tus ruinas y decir: “Aquí sigo. Y eso basta.”
No todas las batallas fueron visibles.
No todos los logros llevan medallas.
A veces, el mayor acto de valor es simplemente no traicionarte cuando era más fácil hacerlo.
Sana —te repetías—.
Y sanaste.
No de golpe.
No de manera limpia.
No sin recaídas ni lágrimas escondidas.
Pero sanaste.
Hoy, sigues teniendo días grises.
Sigues teniendo momentos de duda.
Pero ya no te abandonas.
Ya no te entregas al primer amor a medias.
Ya no vendes tu paz a cambio de compañía barata.
Hoy, sabes lo que vales.
Hoy, sabes que el amor que mereces no te pide que cambies, ni que disminuyas, ni que dejes de ser tú.
Hoy, por fin, has entendido que no se trata de no tener heridas, sino de no vivir sangrando en nombre de amores equivocados.
Querido yo:
gracias por resistir.
gracias por sanar a tu ritmo.
gracias por no rendirte en los días en que todo te pedía que lo hicieras.
A partir de hoy, no sólo eres el superviviente de tus batallas.
Eres el arquitecto de tu propia paz.
Sigue, aunque tiemble todo.
Sigue, aunque duela.
Sigue.
Porque ahora sabes que mereces mucho más de lo que alguna vez te atreviste a pedir.
Y ya no piensas conformarte con menos.
Nunca más.
Continuará…
Replica a marylia4 Cancelar la respuesta