Quieres ser el amor de mi vida…
Y aunque suene grande, aunque asuste, déjame empezar por lo más simple: desde que te conocí, no fuiste una explosión ni un huracán. Fuiste calma. Fuiste presencia.
Y sin darme cuenta, empezaste a quedarte.
No te busqué. No te esperaba.
Pero llegaste.
Primero como quien pasa de puntillas. Luego como quien se cuela en los silencios.
Y de pronto estabas ahí: en mis pensamientos, en mis sueños, en esa parte del pecho donde solo habita lo que importa.
No sé cuándo fue que me enamoré. Solo sé que, un día cualquiera, te pensaba con cariño… y al siguiente, ya no podía imaginarme sin ti.
No soy perfecto. No soy el ideal de nadie.
Pero contigo aprendí que el amor no se trata de ser el que esperabas, sino de ser quien elige quedarse, quien decide apostar cada día por lo que siente.
Y eso, créeme, yo lo haría contigo sin dudarlo.
Me hiciste crecer. Me enseñaste a mirar diferente, a abrazar sin miedo, a confiar de nuevo.
Tus brazos, tu voz, tu forma de mirarme… todo eso se volvió mi refugio.
Tu sonrisa, mi lugar favorito.
Tus ojos, el mapa donde aprendí a perderme para encontrarme.
No sé si soy lo que soñaste.
Pero sí sé que tú superas todo lo que yo creí posible.
Y por eso estoy aquí, con estas palabras que tiemblan pero no mienten.
Porque te amo.
Porque contigo aprendí a amar de verdad.
Y sí, te lo pregunto con el corazón en la mano, sin artificios ni promesas vacías: ¿aceptarías ser el amor de mi vida?
Continuará…
Replica a Ana María Otero Cancelar la respuesta