Si estás leyendo esto, tal vez te has cansado de fingir que estás bien. Tal vez arrastras sonrisas como armaduras rotas, y cada “estoy bien” te pesa más que el silencio. Y si es así, quiero decirte algo sencillo, pero real: te entiendo. Porque yo también he estado ahí, en realidad, hay días en que sigo ahí.
Te han roto sin pedir perdón, te han dejado recogiendo tus pedazos en silencio. Has aprendido a sonreír cuando lo único que quieres es rendirte. El trabajo te agota, las responsabilidades pesan, y aún así… sigues cumpliendo, como si todo estuviera bien. Luchas con todo cada día, pero nadie ve lo que callas cuando llegas a casa y te encierras con tus pensamientos. Estás cansado de ser fuerte para todos. Y nadie te pregunta si tú también necesitas que alguien te sostenga.
Te han fallado, traicionado, ignorado. Y aunque te duela, tú sigues siendo leal. Porque así es tu corazón.
A veces no es tristeza, es cansancio. De dar. De luchar. De esperar que algo cambie y no cambie. Y sin embargo… aquí estás. Sigues. Aunque te duela el alma, no te has rendido. Sigues luchando por eso que deseas con toda tu alma.
Y eso te honra más de lo que crees.
Tú no eres débil. Eres humano. Y eso también incluye llorar, caer, dudar… pero aún así, seguir. Porque lo que hoy parece una pérdida, mañana puede ser lo que te salve. El tiempo a veces revela verdades que el corazón aún no entiende. No necesitas tener todas las respuestas ahora. Solo da el siguiente paso. No importa si es pequeño: lo importante es no rendirse.
Tu historia no termina aquí.
Lo que hoy te pesa, mañana será la fuerza que usaste para volver a levantarte.
Y si alguna vez sientes que nadie entiende tu dolor… créeme, alguien más también está luchando con el alma rota. No estás solo.
No tienes que poder con todo. Solo no apagues tu luz. Esa que a veces olvidas que tienes.
Y si esto te hizo bien, eso, me hace bien a mi porque quizá alguien más está necesitando justo estas palabras.
Continuará…
Deja un comentario