Segunda entrada de la serie: Cuando el miedo manda.
El otoño de 2023 fue, sin duda, uno de los más oscuros de mi vida. No por el frío en el ambiente, sino por el que se coló en casa. En esa que habíamos comenzado a construir juntos desde enero, cuando decidimos dar el paso de convivir. Un sueño compartido… hasta que el miedo, otra vez, me quitó el habla. Y el alma.
Tuvimos una discusión enorme. No la primera. Pero sí de esas que marcan. Que sacuden. Que arrastran. Y esta vez, ella fue más lejos: preparó mis cosas, dobló mi ropa, la guardó en bolsas, en cajas, como quien hace limpieza de lo que ya no quiere. Me puso de patitas en la calle, literalmente.
Y yo… obedecí.
No dije nada. No me senté a pelear lo que era mío también. No levanté la voz. Ni siquiera una súplica. Solo recogí mis cosas y volví a casa de mis padres como un niño al que le han castigado, sin entender del todo qué ha hecho mal.
¿Y sabes lo peor?
Que en ese momento no pensé que estaba cediendo mi lugar. Pensé que hacía lo correcto. Que así no la perdería. Que dejarla sola, enfadada, dolida, era mejor que discutir. Que si me mostraba dócil, volvería a quererme como antes. Qué forma tan triste de amar… cuando uno cree que desaparecer es un acto de amor.
Ahora, cuando lo revivo, no entiendo cómo no luché por quedarme.
Cómo no dije:
“No, esta también es mi casa.”
“Hablemos.”
“No puedes echarme cuando las cosas se tuercen.”
Pero no lo dije. No lo creí posible. No me lo permití.
Porque cuando uno ha perdido la confianza en sí mismo, empieza a ver su lugar como prestado. Y cuando el miedo manda… ni el suelo que pisas te parece tuyo.
Me fui con mis maletas llenas, pero el corazón vacío.
Y con la falsa esperanza de que con eso bastaría. Que volveríamos a empezar. Que me llamaría. Que entendería.
Y sí… luego volvimos. Porque casi siempre volvimos.
Pero cada vez, algo en mí se rompía un poco más.
Y cada vez, yo me respetaba un poco menos.
No sé si era amor. No sé si era dependencia.
Lo que sí sé, es que ese otoño, más que mis cosas, ella me echó a mí.
Y yo no me supe quedar.
Continuará…
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