Epílogo de: Lo que me hiciste sentir.
Hay cosas que se dicen y otras que se callan, pero ambas dejan marca.
Hay momentos que duelen por lo que fueron y otros por lo que ya no serán.
Y entre lo que me hiciste sentir, habita todo eso.
El dolor de no ser elegido, el vacío de las promesas rotas… pero también la plenitud de lo que un día nos unió, la verdad que viví cuando tus ojos eran casa y tu risa bastaba para curarme por dentro.
No puedo, ni quiero, negar ninguna de las dos caras.
Sería como amputarme la mitad de la historia, como olvidar que lo bonito y lo cruel también forman parte de lo que me trajo hasta aquí.
Hoy elijo recordar las dos verdades: la de la herida que aún escuece al roce del recuerdo, y la de la luz que encendiste en mí cuando aún creíamos que todo era posible.
No olvido lo que me hiciste sentir, porque eso me definió.
Me rompió… y me construyó.
Me hundió… y me hizo aprender a nadar.
Gracias por lo que fuiste, por lo que no pudiste ser, y por lo que me obligaste a descubrir de mí mismo al marcharte.
Quizá tú ya lo olvidaste todo.
Pero yo, aunque lo suelte… no lo negaré jamás.
Continuará…
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