772. A veces, solo quiero que duela

By

Hay días en los que escribir no es una opción, sino una necesidad. Días como hoy, donde no quiero fingir fuerza ni valentía. Donde no quiero ser resiliente ni decirme que esto también pasará. Hoy, simplemente, quiero que duela. Porque hay heridas que, si no se reconocen, se pudren dentro del pecho. Y no hay nada más desgarrador que sonreír mientras algo en ti se desangra en silencio.

Llevo meses desahogándome aquí. Día tras día, entrada tras entrada, como si cada palabra fuera una venda, como si cada frase me reconstruyera. Pero hay verdades que no se curan escribiéndolas, solo se soportan. Como esa que me acompaña desde hace demasiado tiempo: la de haberlo dado todo por alguien que no me eligió. Que nunca me eligió, aunque a veces me hiciera creer lo contrario.

Y no, no me da vergüenza reconocerlo. Al contrario. Me enorgullece haber amado así. Con los puños abiertos y el corazón expuesto. Me enorgullece haber apostado, haberme roto, haber vuelto una y otra vez, aunque ya no quedara nada por lo que regresar. Porque hay una dignidad inmensa en quien se entrega por completo, incluso sabiendo que puede no ser correspondido. Lo que no hay es paz. Y llevo meses buscándola sin encontrarla del todo.

Desde que comenzamos este proceso, tú que me estás leyendo y yo —esta especie de ritual de reconstrucción compartido— he aprendido muchas cosas. He aprendido a nombrar lo que siento, a poner palabras al dolor, a encontrar en la escritura un refugio donde antes solo había caos. He aprendido a contarme sin adornos. A veces, incluso, a reconocerme. Pero también he descubierto lo mucho que dolía vivir en segundo plano. Lo fácil que era entregarse y lo difícil que era sostenerse.

He escrito sobre mi infancia, sobre los golpes que no me atreví a recordar. He desenterrado partes de mí que prefería mantener dormidas. Y he llorado con cada verdad que emergía como un puñal envuelto en tinta. He contado cómo me sentía nada cuando debía sentirme todo. Cómo mi dignidad se fue disolviendo poco a poco entre gritos, rechazos y silencios. Y cómo fui aprendiendo que el amor no debería doler así.

Pero aun con todo lo avanzado, hoy… me sigue doliendo. No ella, no su ausencia, sino todo lo que yo permití por miedo a perderla. Porque a veces no nos rompe la persona, nos rompe lo que hicimos por mantener a esa persona en nuestra vida. Nos rompe todo lo que sacrificamos de nosotros mismos por encajar, por no molestar, por seguir siendo “la opción correcta”.

Y eso no se cura con una frase bonita, ni con una nueva ilusión. No se tapa con gimnasio, ni se limpia con lágrimas. Eso se arrastra. Eso se aprende a cargar. Y mientras se aprende, a veces solo queda escribir.

Hoy no hay esperanza. No hay promesa de mejora. No hay final feliz en esta entrada. Hoy, solo hay un corazón cansado que quiere gritar su dolor. Y está bien. Porque no todos los días tienen que ser de superación. Algunos, simplemente, son para caer de nuevo y recordarnos por qué estamos aprendiendo a levantarnos.

Esta es mi forma de no callarme. De no reprimir lo que aprieta. De no negarme que, aunque estoy mejor, hay días que duelen como el primero.

Hoy, no escribo para sanar.

Hoy, escribo para que duela.

Porque también eso es parte del proceso.

Porque también eso… es estar vivo.

Continuará…

Posted In ,

2 respuestas a “772. A veces, solo quiero que duela”

  1. Avatar de BDEB

    Creo Oscar, que sentir ese dolor es también necesario para sacarlo fuera y escribir nos ayuda a ello.
    Siéntete orgulloso porque con tus entradas no sólo te curas tú, también ayudas a que los demás nos demos cuenta de cosas que quizás no supimos interpretar.
    Hoy toca que duela y mañana será un poquito mejor, y mientras tanto recibe un fuerte abrazo que te mando. 🫂🫂😘

    Le gusta a 3 personas

    1. Avatar de Óscar David

      Gracias, Blanca.
      A veces uno escribe para no ahogarse, sin saber que al hacerlo también está tendiendo un puente hacia otros que, en silencio, sienten lo mismo.
      Tus palabras me reconfortan más de lo que imaginas.
      Ojalá cada entrada siga sirviendo, no sólo para aliviarme, sino para que otros también se reconozcan, se comprendan… y poco a poco, se curen.
      Hoy duele, sí, pero abrazos como el tuyo hacen que mañana pese un poco menos.
      Gracias de corazón. 😘😘😘

      Le gusta a 4 personas

Replica a Óscar David Cancelar la respuesta