Ayer hablé con alguien que llevaba muchos más inviernos que yo en el alma.
Me miró con una mezcla de ternura y advertencia, como quien ya no intenta convencerte, solo evitar que cometas el mismo error.
Y me dijo, con una calma que dolía:
“No dejes ir al amor de tu vida. Porque yo lo hice, y tuve que pasar el resto de la mía con otra persona.”
Me quedé en silencio.
No porque no tuviera nada que decir, sino porque todo lo que sentí en ese instante me atravesó como si ya lo supiera, como si esa frase se hubiera escrito en mí desde hace tiempo.
Como si, en el fondo, yo también supiera que ya lo había dejado ir.
Pensé en ella.
En lo que fuimos.
En lo que no supimos ser.
En lo que no pudimos sostener.
En cómo amé con todas mis fuerzas, incluso cuando ya no quedaban respuestas.
En cómo esperé… incluso cuando ya no quedaban promesas.
Y pensé en lo injusto que es a veces el tiempo.
En cómo una decisión, una distancia, una herida no cerrada… puede separarte para siempre de quien más sentido le dio a tu vida.
Pensé en todas esas veces en que creí que con amor bastaba.
Y no bastó.
Ahora entiendo a ese hombre.
Entiendo su tristeza quieta, esa resignación que no grita, pero pesa.
Porque vivir con otra persona, cuando tu alma ya eligió a alguien más, es una forma silenciosa de morir cada día.
Y aun así, lo haces.
Sigues.
Vas construyendo algo distinto, porque no queda otra.
Pero nunca se vuelve a amar igual.
A veces no se trata de luchar más.
Ni de insistir hasta romperte.
Se trata de aceptar que el amor de tu vida… también puede ser el que más te duela.
El que más te transforme.
El que más te enseñe.
Y también el que más te marque, aunque nunca vuelva.
Quizás ese es el verdadero castigo de quienes aman de verdad:
Recordar para siempre a quien ya no está.
Seguir amando a quien no pudo quedarse.
No sé si tendré que pasar el resto de mi vida con alguien más.
No sé si el amor de mi vida ya se fue para siempre.
Pero sí sé algo: si fue ella… no hay otro rincón de mi alma que no lleve su nombre grabado.
Continuará…
Replica a Mi Viaje a la Lectura Cancelar la respuesta