Ayer vi un vídeo que hablaba de cómo hombres y mujeres enfrentan las rupturas de formas distintas… y no pude evitar sentir que mucho de eso encaja con lo que he vivido.
Dice la ciencia que los hombres tardan más en recuperarse. Que dependen emocionalmente de su pareja y no suelen tener redes de apoyo que los sostengan al salir de una relación. Que cuando nos rompen el corazón, primero parece que no pasa nada. Pero esa calma es solo la puerta de entrada a un duelo silencioso que llega tarde, pero llega.
Y las mujeres, en general, lloran, conversan, conectan. Duelen el primer día, pero a menudo encuentran un camino para sanar hablando, compartiendo, nombrando. Mientras nosotros… somos niños grandes que fuimos educados para no mostrar la herida .
Yo lo viví. Me perdí creyendo que callar el dolor me haría fuerte. Y al final lo guardé… hasta que todo seguía ahí, expectante, escribiéndome insomnios y silencios.
Pero también descubrí que esa forma de enfrentar el duelo —sin hablar, sin fragmentos, sin derrames— puede ser una bomba emocional que explota tarde, pero explota.
Sin embargo, no todo es culpa ni limitación.
Es también una forma de protegerse. Una forma de aguantar hasta que el golpe pasa.
Lo importante es saber que eso también es duelo. Que no hay una sola forma correcta de sentir. Que avanzar no significa menos ruido dentro, sino aprender a escucharlo sin quedarte atrapado.
Reflexión final
– Si te reconoces en esto y estás aumentando la distancia, tal vez valga la pena compartir lo que sientes con alguien. Hablar no te hace menos fuerte.
– Si te cuesta reconocer que sigues renqueando, date permiso para sentirlo. Que sanar no es lineal.
– Lo importante no es cuánto duele, sino cómo te sostienes mientras tanto.
Continuará…
Replica a Mi Viaje a la Lectura Cancelar la respuesta