Serie: Donde se cruzan
Hay deseos que nacen en lo más profundo.
No se explican, no se justifican.
Simplemente están.
Laten, arden, insisten.
Y a veces… no deberían.
Porque hay deseos que chocan con lo que sabes que te haría daño.
Con lo que ya no encaja.
Con lo que —aunque aún quieras— ya no debes permitirte.
Entonces entras en guerra contigo.
Porque tu piel aún recuerda, pero tu alma ya no aguanta.
Porque tu mente grita “no”, pero hay algo en ti que sigue diciendo “un poco más”.
Deseo.
Esa necesidad de volver a lo que te hizo vibrar, aunque también te rompiera.
Esa tentación de cruzar la línea, sólo para sentirte un segundo en casa.
Aunque sepas que al volver, todo estará en ruinas.
Pero entonces llegan los límites.
Esos que no siempre tuviste.
Esos que estás aprendiendo a ponerte aunque te duelan.
Porque por fin entiendes que no todo lo que deseas te hace bien.
Que desear no siempre significa que debas tenerlo.
Y que protegerte también es un acto de amor.
Hay una línea que antes cruzabas sin pensarlo, y ahora te detienes.
No porque hayas dejado de sentir, sino porque has empezado a respetarte.
Y ese límite, aunque te duela, también te salva.
Epígrafe
“Hay deseos que aún arden… pero ya no tienen permiso para quemarte.”
Continuará…
Replica a Patricia Cancelar la respuesta