Antes de escribirme esta mentira necesaria —porque no lo hago desde la maldad, sino desde la herida abierta—, quiero que todo el que se vea reflejado en la situación que yo atravieso, sepa esto: tienes todo el derecho a sentir esa mezcla de amor, rabia, tristeza y decepción. El amor no se borra apretando un botón. Y el daño tampoco.
Ahora sí, aquí va esa mentira que hoy necesito escribirme, porque a veces, aunque sepamos que no queremos que así sea, que ese amor por el que haríamos/daríamos cualquier cosa lo pase mal, nos consuela imaginarla como si lo fuera por un momento:
Mentira bonita para un corazón cansado
Dicen que el karma no siempre llega cuando lo esperas, pero que llega. Y cuando lo hace, no avisa. No grita. Solo duele.
Y dicen también que quien juega con un corazón sincero, termina encontrándose con el suyo propio vacío.
S puede parecer bien por fuera, puede sonreír, compartir momentos y seguir su camino como si nada… pero en algún lugar, cuando las luces se apagan y todo se queda en silencio, ese “todo bien” se resquebraja.
Porque el alma sabe lo que ha dejado atrás.
Y yo no fui una historia cualquiera.
Tarde o temprano, la vida le pondrá frente a los ojos todo lo que le di sin condiciones.
Le mostrará mis desvelos, mis silencios tragados, mis palabras no dichas por miedo a perderla, y los abrazos que pedí con la mirada sin atreverme a suplicar.
Y se dará cuenta —demasiado tarde, como suele pasar— de que nadie la amará ni mirará por ella como yo lo hice, ni la tratará con esa mezcla de ternura, cariño, lealtad y paciencia.
Y cuando lo entienda… cuando busque en otro eso que solo yo sabía darle… la vida le pondrá un espejo sin mentiras.
Y ojalá duela un poquito, aunque solo sea para que sea consciente de lo que perdió.
No, no es cierto. Y lo sé.
Pero si esta mentira me ayuda a respirar un poco mejor hoy, entonces que valga la pena escribirla.
Y cuando pueda… volveré a mirar al cielo sin pensar en ella.
Pero hoy, simplemente, resisto.
Que eso también es amor propio.
Continuará…
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