No entiendo para qué me sigues enredando si, en el fondo, no me quieres.
Porque para ti es muy fácil: me llamas y ahí estoy. Necesitas algo y lo consigo. Se te antoja cualquier cosa y, sin pensarlo, ya lo tienes. Sabes que te escucho, que si algo te duele o te preocupa, voy a intentar solucionarlo o al menos cambiarte el día con una sonrisa. Siempre y cuando, claro, a ti no te implique ningún tipo de compromiso.
Cuando estás mal, me tienes.
Cuando pataleas o te enfadas, puedes hablarme mal, tratarme como quieras, que yo te voy a entender.
Voy a perdonar, a justificar, a ayudarte, una vez más.
Y qué fácil te resulta echarme o apartarme.
Tan fácil como saber exactamente qué decir, qué gesto tener, qué tecla tocar cuando notas que me alejo. Porque tú sabes, perfectamente, cómo hacer que me quede.
No me quieres, pero tampoco me sueltas.
Y yo, mientras tanto, sigo siendo ese juguete al que recurres cuando te encuentras mal o te “sientes pequeña”.
Ese que usas sin culpa y empujas a un lado cuando ya no te hace falta.
Así que dime, por favor…
¿Para qué me buscas y me mantienes emocionalmente, si los dos sabemos que ya no me quieres?
Epígrafe:
“A veces no es que te quieran… es que no quieren perderte. Aunque ya no les importes.”
Continuará…
Deja un comentario