874. Ojalá nunca tengas que aprender lo que duele amar así

By

Ojalá que te vaya bien.

Tan bien… que jamás te entren ganas de volver a buscarme.

Ojalá encuentres todo eso que, durante tanto tiempo, soñé con darte.

Que alguien te abrace como yo lo hacía… incluso cuando ya no podía más.

Que lo haga sin reservas, sin condiciones, sin necesidad de pedirte que te quedes.

Ojalá alguien te sostenga como yo lo intenté, con los miedos a cuestas y el alma hecha pedazos.

Con el cuerpo cansado pero el corazón aún creyendo en nosotros.

Que te quiera sin necesidad de entenderte del todo.

Que se quede sin tener que prometerlo.

Que no te haga dudar, ni desaparecer sin decir por qué.

Que no te obligue a elegir entre el amor y tu ego.

Que no te haga sentir pequeña… como a mí me hiciste sentir invisible.

Ojalá sonrías tanto que no te quede espacio para recordar todo lo que se rompió aquí dentro.

Ni las veces que callaste lo que dolía, ni las que evitaste hablar cuando aún podíamos arreglarlo.

Ni el silencio con el que te fuiste mientras yo seguía aguantando, sosteniéndonos como podía.

Que ni se te cruce por la mente el modo en que me quebraba por dentro mientras tú te alejabas como si nada.

Ojalá olvides las veces que apagué mis emociones para no molestarte.

Las veces que callé lo que me hería porque tenía más miedo a perderte que a perderme.

Las veces que fui fuerte por los dos, mientras tú decidías si querías quedarte o no.

Porque sí, te amé más de lo que supe amarme a mí.

Y no, no me enorgullece.

Pero tampoco me castigo por ello.

Solo aprendí a ver esa herida con respeto. Porque fue real.

Así de entregado, así de ciego, así de triste.

Y aunque después de todo te fuiste… quiero que sepas que no te guardo rencor.

Pero tampoco te guardo el lugar.

Te esperé más de lo que nunca admitiré en voz alta.

Y sí, incluso después de tu adiós, seguías aquí dentro… como si nada se hubiera roto.

Pero aprendí.

A vivir con tu ausencia como quien se acostumbra al eco de algo que ya no está.

Como quien aprende a caminar sabiendo que hay una parte de sí que ya no vuelve.

No te maldigo.

Tampoco te bendigo.

Simplemente… te dejo ir.

Porque entendí que el amor no lo puede todo.

Y que a veces lo más valiente no es resistir… sino aceptar que ya no se puede más.

Así que sí, ojalá que te vaya bien.

Tan bien, que nunca necesites volver al lugar que decidiste dejar.

Que nadie te ame a medias ni te haga lo que tú hiciste conmigo.

Pero sobre todo…

Ojalá nunca tengas que aprender lo que duele amar así.

Como yo te amé.

Con el alma en carne viva y las manos vacías.


Epígrafe:

“A veces el amor no fracasa por falta de sentimientos, sino por exceso de silencios. Y cuando se aprende a dejar ir sin rencor, también se aprende a no volver donde ya no hay lugar.”

Continuará…

Posted In ,

Una respuesta a “874. Ojalá nunca tengas que aprender lo que duele amar así”

  1. Avatar de Ana María Otero

    🫂

    Le gusta a 1 persona

Deja un comentario