“Por fin entendí que siempre fui demasiado bueno con personas que solo me usaban.”
No es una frase bonita.
Ni amable.
Ni fácil de tragar.
Pero es cierta.
Y me ha costado media vida entenderla.
Siempre pensé que si daba más, recibiría más.
Que si me esforzaba lo suficiente, terminarían valorándome.
Que si aguantaba, justificaba, perdonaba… un día todo ese amor volvería multiplicado.
Pero no fue así.
Porque cuando alguien solo viene a por lo que necesita, nunca se queda por lo que tú eres.
Fui demasiado bueno.
Demasiado comprensivo.
Demasiado dispuesto a entregar todo sin pedir casi nada.
Y ahí estuvo el error: en creer que eso me haría más valioso, cuando en realidad solo me convertía en una estación de paso.
Hoy, por fin, he dejado de culparme.
No por sentir tanto.
No por haber creído.
No por haber esperado que me trataran con el mismo cariño que yo ofrecía.
No fue culpa mía…
El problema nunca fue haber dado demasiado.
El problema fue haberlo hecho con personas incapaces de ver el valor de lo que estaban recibiendo.
No pienso endurecerme.
No voy a dejar de ser bueno.
Pero sí voy a elegir mejor.
Voy a cuidar de mí como merezco.
Y si eso significa cerrar la puerta a quienes sólo supieron aprovecharse de mi bondad… que así sea.
Porque ser bueno no es sinónimo de ser idiota.
Y yo no nací para que me usaran.
Nací para que me quieran bien.
Epígrafe:
“No era demasiado. Solo estaba dando lo que merecía alguien que supiera valorarlo.”
Continuará…
Replica a Óscar David Cancelar la respuesta