900. Acta de mi regreso

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Dedicatoria:

A Lobo, por enseñarme el amor sin palabras.

A quienes me enseñaron que una persona puede quedarse sin pedir promesas.

A quienes me leéis, por sostenerme cuando el silencio pesaba.

Y a S, por lo que me mostró sin proponérselo.


Epígrafe:

No me curó el tiempo; me curó mirarme de frente.”


1) Lo que se rompió

Un día entendí que amar no es suficiente si no sabes nombrar lo que sientes. Descubrí la alexitimia cuando ya era tarde: cuando la persona a la que más había querido decidió que yo no era su “para siempre”. Desde entonces he vivido con dos verdades: la de verlo todo con claridad… y la de seguir cruzándome con ella cada día.

Me dijeron que me faltaba empatía; aprendí que no era frialdad, sino dificultad para expresar. Yo sentía (y mucho), pero no sabía mostrarlo. Cuando por fin pude, ya no quedaba sitio. También he recibido desprecios pequeños —de esos que no dejan moratones, pero sí huecos—. Y aun así, no guardo rencor. Guardo aprendizaje.

2) Lo que aprendí

Aprendí que no espero. Que ya no guardo su sitio. Que soltar no es rendirse, es elegirme. Que no puedo sanar donde me hieren, ni debo quedarme donde me piden silencio. Aprendí que el mundo a veces se burla del que siente, y que la tentación es volver a “desconectar” el corazón. Elegí lo contrario: sentir con límites, no con muros.

Aprendí a decirme la verdad aunque me tiemble el alma: hoy duele menos no porque pasara el tiempo, sino porque empecé a cuidarme.

3) Los rituales de la vuelta

Volví al cuerpo: el gimnasio, el cansancio bueno, la rutina que oxigena la cabeza. Volví a escribir: series que fueron mapa —Donde se cruzan, Descubrí lo que me pasaba… justo cuando ya era tarde, El día que dejé de explicar mi dolor, Si algún día me atrevo—.

Hice gestos que cerraban círculos: entregué una bola del mundo con una carta (“Cuando ya no quede nada más que decir…”) y, hace poco, solté el Claddagh que había comprado para un “sí” que no llegó. No eran objetos; eran pesos.

También me despedí de Lobo. Su ausencia me partió, pero me enseñó a amar sin condiciones y a quedarme conmigo cuando todo se cae.

4) Lo que ya no haré

– No volveré a mendigar cariño.

– No me explicaré para justificar mi dolor.

– No usaré a nadie para olvidar; mi verdad no es un parche.

– No volveré a romperme para que nadie esté entero.

5) Lo que sí me permito

Sentir sin pedir perdón.

Pausas sin culpas.

Límites sin miedo a perder.

Esperanza sin fantasear: no necesito a nadie, pero quiero a alguien que me abrace sin que tenga que pedirlo, que me haga hogar sin prometer eternidades vacías, con quien pueda “meterme al mar sin miedo a hundirme” porque no suelta la mano.

6) Gracias

A quienes por aquí os habéis asomado a mis grietas —Mi Viaje a la Lectura, Blanca y tantos nombres que ya son refugio—: gracias por ver más allá de la fachada. A los que me leéis en días sin brillo: gracias por recordarme que detenerse también es avanzar.

7) Aquí empiezo otra vez

Hoy firmo mi acta de regreso. No he olvidado; he ordenado. No ha desaparecido el dolor; ya no me dirige. No sé si habrá una última escena perfecta, pero sé que no volveré a entrar donde ya no quedo. Si alguna vez me flaquea la memoria, que esta entrada me lo recuerde: yo también merezco el amor que doy.

Y si la vida decide cruzarme con alguien que cuide más de no romper que de poseer, que entienda mis silencios, que pronuncie mi nombre sin exigirme máscaras… entonces sabré que todo esto valió la pena.

Hasta entonces, sigo. Con el corazón encendido, con límites nuevos, con la certeza de que esta vez sí me tengo.


Epígrafe de cierre:

“Me fui por dentro antes de irme; hoy vuelvo por dentro antes de volver a amar.”

Continuará…

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4 respuestas a “900. Acta de mi regreso”

  1. Avatar de BDEB

    Gracias a ti también Óscar, porque sin darte cuenta muchas veces también ayudas al compartir lo que sientes, en ocasiones de una forma u otra nos vemos identificados en tus letras y sentimos que no estamos solos.
    Día a día irás avanzando y aquí seguiremos leyendo, alegrándonos de esos «avances» y si es preciso tirando de ti cuando flaqueen las fuerzas.
    Un fuerte abrazo 🫂🫂😘

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    1. Avatar de Óscar David

      Blanca, que bonito es saber que lo que uno escribe —aunque nazca del dolor o de la lucha— puede convertirse en compañía para otros.
      Gracias por estar, por leerme, por recordarme que no camino solo, incluso cuando las fuerzas flaquean.
      Hay días en los que dudo, en los que todo parece volver a pesar… pero entonces llegan mensajes como el tuyo, y siento que algo se enciende de nuevo por dentro. Que vale la pena seguir compartiendo, seguir sanando, seguir escribiendo.
      Gracias por tirar de mí cuando me cuesta avanzar.
      Gracias por estar al otro lado.
      Un abrazo enorme 🫂💙

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  2. Avatar de Mi Viaje a la Lectura

    Me alegró muchísimo leer «acta de mi regreso». Cuando escribes, identificas tus emociones, les colocas nombre, las expresas y las compartes de una manera que resuena en los que te leemos. Y no solo logras esto para ti. Cuando te leo, muchas veces, encuentro las palabras perfectas para describir lo que siento. Logras ir más allá de lo que escribo, entiendes mis emociones y me acompañas desde la distancia.
    Tienes un lenguaje propio. Recuerda siempre que todos nos comunicamos diferente. Los famosos lenguajes del amor. Y cuidar es una forma de decir «te amo». ¡Quien te ama, te ve!
    Un abrazo enorme, y que tengas un bonito día!

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    1. Avatar de Óscar David

      Leerte siempre me toca el alma, porque siento que nos reconocemos sin necesidad de explicarnos demasiado. Gracias por estar ahí, por leer más allá de las palabras y por devolverme, con tu manera de sentir, esa certeza de que no todo lo que entregamos se pierde.
      Tienes razón: escribir es mi forma de ordenar el caos, de ponerle nombre al dolor, de entender lo que a veces me desborda… pero también es mi forma de acompañar, de abrazar en silencio, sobre todo porque cara a cara, piel a piel aún me cuesta mucho conseguir hacerlo.
      Y saber que en ti encuentra eco todo eso que he ido dejando entre líneas, le da aún más sentido a este camino.
      Gracias por recordarme que cuidar también es amar. Que ser visto no es pedir demasiado. Y que quien lo entiende, se queda.
      Un abrazo de los que cruzan distancias.
      Que hoy también encuentres palabras que te abracen. 😘😘😘

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