910. El regalo que nunca llegó

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Hay días que pesan más por lo que significan que por lo que ocurre en ellos.

Fechas que, aunque intentes ignorar, laten en algún rincón de tu memoria como si fueran un eco que no se apaga. Hoy es uno de esos días.

No hace falta que suenen campanas ni que haya celebraciones para que el corazón sepa que algo se recuerda.

Hoy, 8 de agosto, es un día que lleva consigo más peso del que me gustaría admitir. Es el cumpleaños de S, y aunque el tiempo y las circunstancias nos han ido alejando, sigo reconociendo que hay fechas que no se borran de la memoria.

Hace un par de años, me contó que quería tatuarse una imagen de Shenron, el dragón de Dragon Ball, dibujada por una amiga suya. Me habló de ello con esa mezcla de entusiasmo y significado que uno solo tiene para las cosas que de verdad importan. No lo ha hecho todavía, pero yo me quedé con esa imagen guardada.

En silencio, decidí que algún día le regalaría algo que llevara consigo ese mismo simbolismo. Busqué, encontré y guardé con cuidado una figura de unos treinta centímetros de Shenron, pensando que en su cumpleaños podría ponerla en sus manos, como un deseo entregado físicamente.

Pero hoy, a pesar de que el regalo está aquí, no se lo entregaré. No por rencor ni por orgullo, sino porque he comprendido que hay cosas que deben cerrarse para poder seguir adelante. Los regalos también son una forma de vínculo… y yo ya no puedo mantener ese hilo.

Aun así, este objeto que nunca llegará a su destino guarda para mí el recuerdo de una intención pura, de un cariño que fue real y que no necesito justificar.


P.D. íntima

S,

No sé si recordarás aquella tarde en la que me hablaste de Shenron, del tatuaje que querías hacerte y del significado que tenía para ti. Ese día, sin que lo supieras, me quedé con la idea grabada. Y pensé que, si algún día podía hacerte un regalo que te llegara de verdad, sería ese dragón.

Lo busqué con ilusión, imaginando el momento de entregártelo, sin importar dónde estuviéramos o cómo fueran las cosas entre nosotros. Solo quería verte sonreír como lo hiciste aquel día cuando me lo contaste.

Hoy es tu cumpleaños, y aunque la vida nos haya llevado por caminos distintos, sigo deseando que se cumplan todos esos deseos que alguna vez pediste. Shenron siempre concede a quien cree en su magia… y yo siempre creí en la tuya.

Feliz cumpleaños.

Continuará…

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