He llegado a un punto en el que ya no me interesa discutir, ni gastar mi energía en peleas que no llevan a ningún lado.
La vida es demasiado corta y demasiado frágil como para desgastarla en reproches, orgullos o silencios que hieren más que las palabras.
No quiero más guerras.
Lo que quiero es vivir.
Vivir de verdad.
Quiero hacer el amor con el alma antes que con la piel, quiero crear recuerdos que un día, cuando mire hacia atrás, me saquen una sonrisa y no una herida.
Quiero divertirme contigo, reír a carcajadas, inventar chistes que solo entendamos nosotros, encontrar belleza hasta en lo cotidiano.
Quiero compartirlo todo: las alegrías y las penas, los planes grandes y los instantes simples, los aciertos y los errores.
Hoy decido que esa sea mi filosofía de vida.
Quiero disfrutar de la vida contigo, sin máscaras, sin juegos, sin dudas.
Quiero apostar por la calma en lugar del caos, por la ternura en lugar del orgullo, por el “estoy aquí” en lugar del silencio que aleja.
Ya no quiero que los días se me escapen entre discusiones que no arreglan nada.
Quiero que cada día tenga un recuerdo bonito, un motivo para agradecer, un instante que lo convierta en único.
Quiero amar desde la paz, no desde la guerra.
Y aunque la vida no siempre nos lo pondrá fácil, quiero tener claro lo esencial:
no me interesa pelear, me interesa vivir, amar y construir.
Esa es mi única filosofía, desde hoy y para siempre.
“No busco la perfección, busco la paz. No quiero batallas, quiero amor que se quede.”
Continuará…
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