Dicen que todos los días sale el sol. Y aunque a veces cueste creerlo, es cierto.
Por más larga que haya sido la noche, por más pesados que se sientan los pensamientos o más hondas las heridas, siempre amanece. Y con ese amanecer, la vida nos regala una nueva oportunidad.
No importa cuántas veces hayas tropezado ni cuántas veces te hayas roto por dentro. Cada mañana es un comienzo en blanco: un recordatorio de que aún tienes tiempo para escribir nuevas historias, para sanar lo que ayer dolía, para descubrir lo que todavía está por llegar.
El sol que se levanta no borra la oscuridad que hubo, pero ilumina lo suficiente para recordarnos que podemos seguir caminando. Y aunque el cansancio, la incertidumbre o la tristeza se empeñen en quedarse, también hay espacio para la esperanza, para lo inesperado, para lo bonito que aún no hemos vivido.
Hoy el sol ha salido otra vez. Y eso significa que todavía hay caminos por recorrer, abrazos por recibir, sonrisas por descubrir y sueños por construir.
Un nuevo día comienza, y con él, una nueva oportunidad.
“Mientras salga el sol, siempre habrá un motivo para volver a intentarlo.”
Continuará…
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