Hoy no vengo con desgarros ni con tormentas, tampoco con grandes revelaciones. Hoy vengo con algo mucho más sencillo: la calma.
Esa calma que tanto nos cuesta reconocer, porque estamos acostumbrados a escribir desde el dolor, desde la herida abierta o desde la nostalgia.
Pero también merece espacio este otro lado: el de los días tranquilos, en los que no pesan tanto las preguntas ni los recuerdos, en los que la vida parece regalarnos un respiro.
A veces pienso en vosotros, en cada palabra que compartimos aquí, en cada abrazo que viaja a través de letras, y me doy cuenta de que escribir ya no es solo para mí: también es para seguir sosteniéndonos, para recordarnos que incluso en los silencios se puede encontrar belleza.
Hoy no hay mucho que decir… pero sí mucho que agradecer. A vosotros, a lo que nos une, a la certeza de que incluso en días sencillos la vida nos sigue regalando motivos para creer.
Porque no siempre hacen falta gritos ni lágrimas para sentir que avanzamos. A veces basta con un susurro que diga: “sigo aquí, sigo caminando, sigo creyendo en lo bonito que está por llegar.
“También en la calma florece la esperanza.”
Continuará…
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