Hay recuerdos que al principio gritan. Que te persiguen en cada esquina, en cada canción, en cada silencio. Pero un día… un día solo hacen eco.
No es que desaparezcan, no es que dejen de existir. Es que ya no duelen igual. Siguen ahí, pero pierden su fuerza. Como fantasmas que antes asustaban y ahora solo pasan de largo.
Aprender a vivir con eso es extraño. Porque durante mucho tiempo creí que para soltar había que olvidar. Y no. A veces el verdadero alivio no está en borrar todo, sino en recordar sin que pese.
Hoy entiendo que hay cosas que ya no arden, que solo quedan en la memoria como marcas de un incendio que no volverá a repetirse. Y en esa calma rara, donde todo hace eco pero nada quema, empieza de verdad la libertad.
“Recordar sin dolor es la victoria más silenciosa de todas.”
Continuará…
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