Hay días en los que la vida no pregunta.
Simplemente llega con todo: trabajo, cansancio, recuerdos que todavía duelen un poco y silencios que pesan demasiado.
Hoy es uno de esos días.
No hay reflexión profunda, ni palabras que parezcan grandes verdades. Solo está el cuerpo cansado, la cabeza llena y el corazón intentando latir con calma.
Y está bien.
Está bien no tener siempre algo que decir, algo que analizar, algo que contar. Está bien reconocer que, a veces, lo único que uno necesita es llegar a casa, soltarlo todo y dejar que el día termine sin pedirle nada más.
Porque también es parte del camino aprender que no todos los días hay que luchar batallas, ni escribir capítulos importantes. Algunos días solo sirven para descansar y recordar que la vida sigue, incluso cuando uno no tiene fuerzas para pensar en ella.
“A veces, sobrevivir al día ya es suficiente.”
Continuará…
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