Hoy ha sido un día extraño… de esos que parecen empezar con calma y terminan con un silencio que duele.
Pensaba que estaba creando algo distinto. Algo sincero, bonito, con ese cariño que no pide nada a cambio y que camina despacio porque sabe que lo bueno no tiene prisa. Ni siquiera buscaba nada. Solo estaba sintiendo que había algo especial.
Y así, de pronto, todo se corta. Como si me hubieran puesto en mi sitio, como si todo lo que estaba sintiendo fuera demasiado.
“Somos amigos”, me dijeron.
Y ya está.
Un portazo suave, pero portazo al fin y al cabo.
Y duele.
Duele porque no he conseguido olvidar a S, porque no he querido correr hacia ningún sitio para llenar vacíos… y aun así, cuando algo dentro de mí empieza a moverse, cuando parece que la vida me dice “quizás ahora sí”… otra vez no.
Y, para ser sincero, me estoy cansando. Me cansa esta sensación de que haga lo que haga, siempre termino saliendo perdiendo. Que si apuesto, pierdo. Que si siento, duele. Que si me ilusiono, me cortan las alas. Y empiezo a pensar que, al final, quizás no apueste por nada. Que tal vez sea más fácil no arriesgar el corazón cuando parece que la historia ya viene con final escrito.
Y me pregunto cómo se supone que uno vuelve a creer en el amor si cada vez que intento asomarme un poco me cierran la ventana de golpe.
Hoy no tengo respuestas.
Solo sé que ahora mismo me parece imposible.
“Tal vez el amor exista… pero yo ya no sé dónde buscarlo, quizás esté destinado a pasar la vida solo.”
Continuará…
Deja un comentario