Al final, todo se resume en esto:
El dolor te enseña, la rabia te mueve… pero ninguno de los dos está hecho para quedarse a vivir contigo.
Llega un día en que entiendes que no hay nada más que hacer, que seguir mirando hacia atrás solo reabre heridas, y que mereces algo más que un corazón lleno de escombros.
Ese es el momento en que dejas de pedir respuestas y empiezas a buscar caminos.
No para olvidar lo que pasó, sino para construir algo que duela menos y valga más.
Porque avanzar no es traicionar tu dolor… es decidir que tu historia no termina ahí.
“El dolor y la rabia son parte del viaje… pero no del destino.”
Continuará…
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