No sé si algún día tendré el valor de decirte todo esto, así, tal cual lo siento. Quizás nunca lo haga. Quizás estas palabras nacieron para quedarse en mí, para ser un refugio secreto que me recuerda lo mucho que significas aunque tú no lo sepas.
A veces me descubro pensando en cómo hacerte entender que haces del mundo un lugar más amable solo con existir. Que tu forma de ver la vida es mágica, y que ojalá nunca pierdas esa manera tan tuya de encontrar belleza incluso en los días grises.
Quisiera poder contarte que tu risa debería estar en la lista de cosas que sanan, que hay momentos en los que me basta escucharla para sentir que todo vuelve a estar en su sitio.
Que abrazas sin tocar, que das paz sin pedirlo, que tu presencia es un regalo que me hace desear que el tiempo corra un poco más despacio cuando estás cerca.
También guardo aquí, en silencio, que tu forma de cuidar a los demás es un arte, que haces que lo simple sea especial y que tienes una energía tan bonita que a veces me pregunto si tú misma lo sabes.
Que contigo las heridas duelen menos, que estar a tu lado es un planazo incluso en los días en que no pasa nada, que te admiro más de lo que sabría explicar y que sí, aunque no lo creas, me has salvado más de una vez sin darte cuenta.
Si algún día lograra decírtelo todo, terminaría con esto:
Contigo quiero que el café se alargue la vida entera.
Porque hay momentos que no deberían terminar nunca. Y tú eres uno de ellos.
Continuará…
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