Hay días en los que no sé ni cómo sostenerme.
No es cansancio físico, ni una tristeza puntual.
Es esa sensación de estar agotado por dentro, de haber cuidado tanto a todos que ya no sé qué hacer con lo poco que queda de mí.
Llevo demasiado tiempo siendo el que sostiene, el que calma, el que intenta mantener todo en pie cuando parece que se derrumba. En el trabajo, con S, con la vida en general. Siempre el que pone el cuerpo, la cabeza y el corazón. Y llega un punto en el que uno se pregunta: ¿y a mí quién me cuida?
Siento rabia.
Rabia porque no creo merecer lo que me está pasando. Porque doy, me esfuerzo, me dejo la piel cada día para que todo funcione, y aun así parece que nada es suficiente. Nadie ve lo que cuesta mantener la calma cuando dentro todo arde.
Siento miedo.
Miedo a dar un paso y fallar. A dejar este trabajo que me consume pero me da estabilidad, a lanzarme a lo desconocido y dar el paso abriendo un nuevo negocio y que todo se venga abajo. Miedo a perder lo poco que me queda de control, miedo a decepcionarme otra vez.
Siento cansancio.
Cansancio de sostener a S en el trabajo, de tener que cuidar que nada se rompa, que no estalle. Cansancio de verla y escucharla cada día, intentando ayudarla a encontrar en sí misma un valor que ella se esfuerza en no ver/reconocer y que yo ya no tengo fuerzas ni para recordarle.
Y siento vacío.
Porque llevo tanto tiempo dándolo todo, regalando cada parte de mí, que apenas sé quién soy cuando no estoy cuidando a alguien más. Me he vuelto experto en escuchar, en ayudar, en cuidar… pero no en pedirme nada para mí.
Sé que a veces no sé distinguir lo que siento, y creo que es mi principal problema y el que desencadenó toda la situación que ahora estoy viviendo.
Se me mezclan las emociones, se me cruzan los hilos.
Solo sé que estoy cansado, que necesito parar, que necesito un punto cero. No para desaparecer, sino para volver a encontrarme.
Porque he entendido que no se puede vivir eternamente en modo supervivencia.
Y si quiero seguir, tengo que soltar algo.
Quizás este trabajo. Quizás esta lucha por alguien que ya no está.
Quizás la costumbre de poner a los demás por delante de mí.
Hoy no tengo respuestas.
Solo este cansancio que pide descanso.
Solo este corazón que quiere seguir, aunque no sepa cómo.
Solo este intento de escribir lo que llevo dentro, para no seguir guardándolo todo en silencio.
Quizás mañana vuelva la calma.
Quizás no.
Pero al menos hoy, por primera vez en mucho tiempo, estoy siendo honesto conmigo mismo.
Y eso —aunque duela— también es una forma de seguir vivo.
De alguna manera seguiré.
No sé si con fuerza, con fe o con pura inercia, pero seguiré.
Porque rendirme no sería justo para todo lo que he aguantado, para todo lo que he aprendido, para todo lo que todavía me queda por sentir.
Seguiré —aunque duela, aunque cueste, aunque pese— porque algo dentro de mí aún cree que no todo está perdido.
Y eso, por ahora, me basta.
Continuará…
Replica a Óscar David Cancelar la respuesta