Ha sido una semana rara.
No por lo que ha pasado fuera, sino por todo lo que se ha movido dentro de mí.
Me he sentido cansado de una forma que no es física, aunque también lo sea. Es un cansancio que se mete en el pecho, que te hace más lento, que te quita las palabras, que te obliga a arrastrarte en vez de caminar. Un cansancio que no viene de un mal día, sino de demasiados días seguidos sin poder respirar bien por dentro.
He tenido rabia.
Lo reconozco.
Por el trabajo, por tantas cosas que cargo y que no merezco, por sentir que doy más de lo que recibo, por sostener lo que no me sostiene, por cuidar a quien me ha hecho daño… y aun así seguir ahí.
He tenido miedo también.
Miedo a equivocarme con cada paso que quiero dar para cambiar mi vida.
Miedo a dejar un trabajo que me está consumiendo, miedo a la incertidumbre de empezar algo nuevo, miedo a caer todavía más hondo si fallo.
Y, sobre todo, he tenido tristeza.
Esa tristeza que no grita, pero vacía.
Esa que vuelve cada vez que pienso en ella, cada vez que algo suyo aparece, cada vez que recuerdo lo que fui capaz de sentir y lo que me quedé sin poder entregar.
Ha pasado más de un año y aún así… hay días que la herida vuelve a abrirse como si no hubiera pasado ni una semana.
Me he sentido solo.
Sé que no lo estoy del todo, pero hay soledades que no se resuelven con gente cerca, sino con alguien que vea lo que te pasa sin que tengas que explicarlo. Y últimamente siento que no tengo a nadie que me mire así.
Por momentos he querido rendirme.
Por otros, desaparecer.
Y otras veces, simplemente no sentir nada.
Pero aquí estoy.
Escribiendo.
Soltando.
Intentando no dejar que esta versión cansada de mí decida por el resto de mi vida.
Porque sí, ha sido una semana jodida.
Una más.
Pero también es una semana que me ha obligado a mirarme de verdad… y admitir que necesito hacer cambios, dar pasos, sacarme de donde me estoy hundiendo.
A veces avanzar no es correr.
A veces es solo no dejarse caer del todo.
Hoy, aunque sea poquito, sigo.
Aunque duela, sigo.
Aunque no vea nada claro, sigo.
Porque, aunque a veces se me olvide… sigo siendo yo.
Y aún tengo algo dentro que quiere salvarse.
Continuará…
Replica a BDEB Cancelar la respuesta