1074. 365 días de cenizas y renacer. Parte 4

By

Entrada 4 — El instante en que empecé a reconstruirme sin darme cuenta

Lo curioso de reconstruirse es que nunca empieza el día que uno cree.

No tiene un momento épico, ni un “antes y después” que lo marque todo, ni una frase iluminadora, ni un amanecer especial.

Reconstruirse empieza en silencio.

A veces incluso en contra de tu voluntad.

Y en mi caso… comenzó sin que yo lo supiera.


Reconstruirme no empezó cuando dejé de amarla

Eso no ha pasado aún.

No del todo.

No como se supone que debería.

No como otros piensan que ya debería haber ocurrido.

Reconstruirme tampoco empezó cuando acepté que no volvería.

Ni cuando entendí que no podía salvarla.

Ni cuando comprendí que ella ya no estaba desde mucho antes.

Eso fue dolor.

Eso fue ruptura.

Eso fue caída.

Pero no reconstrucción.

Mi reconstrucción empezó el día que elegí seguir escribiendo aun sabiendo que no iba a cambiar nada entre nosotros

Ese día fue el primero en el que hice algo por mí y no por ella.

Algo pequeño.

Algo casi insignificante.

Pero algo mío.

Escribí sin esperar una respuesta.

Sin esperar un gesto.

Sin esperar una señal.

Sin imaginar un futuro de reconciliación.

Sin fantasear con un “quizá”.

Fue el día en el que las palabras dejaron de ser un puente hacia S y empezaron a ser un refugio hacia mí.

No fue bonito.

No fue heroico.

No fue poético.

Fue doloroso.

Brutal.

Casi asfixiante.

Pero fue la primera vez que me elegí sin darme cuenta.


Reconstruirse empieza cuando sigues avanzando incluso cuando ya no hay motivos para hacerlo

Reconstruirse es eso:

 • levantarte cuando nadie te está viendo,

 • seguir escribiendo aunque duela,

 • seguir respirando aunque queme,

 • seguir sintiendo aunque asuste,

 • seguir andando aunque no sepas a dónde vas.

Yo no estaba listo para sanar.

Pero ya había empezado.

Sin querer.

Sin plan.

Sin fuerzas.

Sin fe.

Pero seguía.

Y eso —aunque en ese momento no lo entendía— era una forma de reconstruirme.


Reconstruirse es darse cuenta, poco a poco, de que sobrevives a días que creías imposibles

Hubo noches que me rompieron.

Días que pensé que no iba a soportar.

Momentos en los que verla en el trabajo era una tortura silenciosa.

Situaciones en las que mi pecho parecía hundirse hacia dentro.

Pero aun así seguí escribiendo.

Seguía contando lo que sentía.

Seguía sacando hacia afuera lo que antes enterraba.

Y eso fue creando una estructura interna que no tenía antes:

mi voz.

Mi voz.

No la suya.

No la de mi culpa.

No la de mi miedo.

No la de mi pasado.

La mía.

Sin darme cuenta, estaba empezando a pertenecerme.


Mi reconstrucción comenzó el día que acepté mi herida sin intentar negarla

Ese fue el punto clave.

No cuando dejé de dolerme por ella.

No cuando dejé de imaginarla.

No cuando dejé de quererla.

Sino el día que dije —aunque fuera en silencio—:

“Sí, me duele.

Sí, sigo roto.

Pero sigo aquí.”

Ese fue el momento en el que dejé de empujarme a “ser fuerte” y empecé a permitirme simplemente ser.

Ser triste.

Ser vulnerable.

Ser humano.

Ser alguien que amó demasiado y que perdió.

Ser alguien que siente aunque no siempre sepa cómo nombrarlo.

Aceptar mi herida no la cerró… pero me dejó respirar mientras cicatrizaba.


Reconstruirme no fue una decisión; fue una consecuencia

Una consecuencia de escribir.

De sentir.

De caer y volver a levantar.

De ver mi historia con mis propios ojos.

De enfrentarme a lo que siempre evité.

De empezar a escucharme.

De entender qué soy y cómo soy.

Reconstruirse no fue algo que hice.

Fue algo que ocurrió mientras intentaba sobrevivir.

Porque a veces, sin darte cuenta, mientras buscas cómo dejar de romperte… descubres que ya estás empezando a levantarte.

Continuará…

Posted In ,

2 respuestas a “1074. 365 días de cenizas y renacer. Parte 4”

  1. Avatar de Mi Viaje a la Lectura

    A veces nos dicen cuanto debe tardar un duelo… o cómo es lo «normal» vivirlo. Todos somos diferentes. Tenemos diferentes formas de amar, diferentes formas de perdonar y diferentes formas de sanar. Perdóname por colocar un poquito de mi historia en tu blog, pero yo me tardé más de 5 años haciendo el duelo, casi tres años junto a él y el resto del tiempo lejos de él. Hasta que un día sentí que era diferente. Que ya hacía parte realmente de mi pasado. Sigue avanzando Óscar. Un día solo se sentirá diferente y, estoy segura, que tardarás mucho menos tiempo que yo. Lo malo de lo bueno es que pasa y lo bueno de lo malo es que pasa. Todo, al final pasa… Un abrazo y que tengas un bonito día.

    Le gusta a 1 persona

    1. Avatar de Óscar David

      Gracias, Abril. De verdad, gracias por atreverte a poner un pedazo de tu historia aquí. No solo no me molesta: lo agradezco. Porque lo que tú cuentas también me ayuda a entender que no estoy fallando por tardar, que no soy “menos” por no haber sanado aún.
      A veces me comparo con lo que “debería” sentir o con el tiempo que “se supone” que tendría que haber pasado ya. Y es verdad —cada uno ama distinto, pierde distinto y sana distinto. Me alivia saber que un día, sin fecha exacta, simplemente se siente diferente. Que no es un salto, es un susurro. Que no llega avisando, solo llega.
      Sé que mi proceso está siendo duro, y largo, y lleno de recaídas. Pero leer lo que compartes me recuerda que esto también pasará, que no me quedaré atrapado aquí para siempre, y que lo que hoy duele tanto, algún día dolerá menos… o quizá simplemente dejará de doler de la misma forma.
      Gracias por acompañar, por entender sin juzgar y por dejar este espacio un poco más humano cada vez que escribes.
      Un abrazo enorme, Abril. Y que tengas tú también un día bonito.

      Le gusta a 1 persona

Replica a Óscar David Cancelar la respuesta