1095. “Siempre puedo solo… hasta que no puedo”

By

Siempre me consideré valiente.

Valiente para trabajar sin descanso, para sostener problemas ajenos, para cargar con responsabilidades que no me correspondían.

Valiente para ayudar, para escuchar, para estar.

Valiente para ser fuerte cuando nadie más lo era.

Pero descubrí algo que nunca quise admitir: toda esa valentía se derrumbaba cuando se trataba de mí.

Porque puedo enfrentarme a cualquier cosa… menos a decirle a la persona que quiero —o incluso a mi familia— que lo estoy pasando mal.

Que no soy feliz.

Que esta vida que llevo no es la que quería.

Que no sé cómo seguir.

Que necesito un abrazo, uno real, de esos que sujetan lo que por dentro se está cayendo.

Me cuesta tanto decirlo que al final siempre vuelvo al mismo guion:

“Yo puedo solo.”

“Estoy bien.”

“Todo va a pasar.”

“La culpa es mía por no saber gestionarlo.”

Y así voy tirando, dejando que el mundo piense que lo tengo controlado mientras por dentro todo se desmorona.

Sonrío cuando por dentro lloro.

Ayudo cuando soy yo quien necesita que lo sostengan.

Fortalezco a otros mientras mi propio cuerpo me pide parar.

Y lo peor es que casi nadie se da cuenta.

Porque como siempre parezco fuerte, todos asumen que sigo siéndolo.

Porque como nunca levanto la mano, todos creen que no necesito apoyo.

Porque como siempre puedo… nadie imagina el día en que ya no puedo más.

Lo que no saben es que mi silencio no es tranquilidad, es miedo.

Miedo a preocupar, a decepcionar, a ser una carga.

Miedo a que, cuando por fin diga que no puedo más, nadie esté ahí.

Y sin embargo…

Aquí estoy, reconociéndolo otra vez “en silencio” —siempre en palabras escritas y nunca directamente a la cara—:

No siempre puedo solo.

Y hoy, especialmente hoy… no estoy bien.

No soy feliz.

Y sí, necesito un abrazo.

Uno de verdad.

Uno que me recuerde que no tengo que cargar con todo, que pedir ayuda no me hace débil, que también merezco descansar, caer y volver a empezar.

Quizás algún día tenga el valor de decirlo en voz alta.

Mientras tanto, lo escribo aquí… porque al menos escribirlo ya es una forma de empezar a soltarlo.

Y tal vez, solo tal vez, sea el primer paso para aprender que incluso los fuertes también necesitan un lugar donde apoyarse.

Continuará…

Posted In ,

2 respuestas a “1095. “Siempre puedo solo… hasta que no puedo””

  1. Avatar de BDEB

    Eres valiente porque sigues en pie, pero no siempre se puede con todo Óscar y cuando esto pasa es cuando hay que pedir ayuda ¿qué cuesta? Lo sé, muchísimo, porque no queremos preocupar, porque hemos servido siempre de pilar y no estamos acostumbrados a que nos sostengan, es más, me atrevería a decir que no sabemos prácticamente ni como apoyarnos, pero toca aprender a hacerlo. Coge a ese amigo o amiga en el que confíes, llévatelo a tomar un café y cuéntale, aunque las lágrimas te ahoguen pero cuéntale.
    La situación que estoy viviendo me ha llevado a «enseñarme» a dejarme ayudar porque de otra manera no sé como habría terminado.
    Eres valiente, ya te lo dije, así que puedes hacerlo, es importante porque a veces, aunque pensemos que sí, no podemos con todo.
    Recibe un abrazo a la distancia, no es igual pero siempre reconforta.

    Le gusta a 2 personas

    1. Avatar de Óscar David

      Blanca, gracias… de verdad.
      A veces leo tus palabras y me sorprende cómo puedes ver cosas en mí que yo mismo no sé reconocer hasta que las dices.
      Tienes razón en algo muy importante: yo he sido pilar tanto tiempo que he olvidado cómo apoyarme en alguien. Me cuesta pedir ayuda porque siempre he vivido con la idea de que “puedo solo”, y cuando no puedo… simplemente me quedo en silencio. No porque no quiera hablar, sino porque no sé muy bien cómo hacerlo sin sentir que molesto o que cargo a los demás.
      Este último tiempo está siendo complicado y lo noto en todo: en mi energía, en mis ganas, en el cuerpo… en el ánimo. Y aunque me cuesta más de lo que imaginaba, estoy intentando, poco a poco, hacer justo eso que dices: aprender a dejarme ayudar, aunque sea un poco. Quizá aún no sé cómo contarlo todo en voz alta, pero estoy empezando a abrir rendijas donde antes solo había muros.
      Tus palabras reconfortan más de lo que imaginas. Saber que ahí, al otro lado, hay alguien que entiende sin juzgar, alguien que también ha tenido que aprender a dejarse sostener, me ayuda a no sentirme tan fuera de lugar con lo que estoy viviendo.
      Gracias por estar, por leer y por escribir así.
      Un abrazo enorme, de verdad.

      Le gusta a 1 persona

Replica a BDEB Cancelar la respuesta