Resulta chocante.
Brutal.
Inesperado incluso para mí.
Después de más de un año pasándolo mal.
Después de un año culpándome de todo.
De creer que fui yo quien arruinó la relación.
De pensar que mis silencios, mi falta de herramientas, mi alexitimia, mi incapacidad de reaccionar “como ella quería”… fueron el motivo de que todo se rompiera.
Después de todo ese duelo, de toda esa culpa que me comí solo…
la verdad apareció.
Y desde que supe lo que realmente ocurría en los últimos meses de nuestra relación, algo dentro de mí se rompió de una forma diferente.
Un “click” interno.
Una grieta nueva, pero esta vez no hacia dentro… sino hacia fuera.
No puedo verla sin sentir rechazo.
No puedo escuchar su voz sin un nudo en el estómago.
No puedo mirarla sin que me hierva la sangre por dentro.
Porque ahora lo entiendo:
no estaba loco.
no era yo el que hacía cosas raras.
no era yo el que fallaba.
no era yo el que escondía nada.
Ella proyectaba en mí lo que ella misma estaba haciendo.
Y ese descubrimiento —ese golpe a mano abierta— me cambió algo que jamás pensé que cambiaría: la imagen que tenía de ella.
No quiero odiarla.
Ni eso merece.
El odio es demasiado grande para alguien que no supo estar a la altura del amor que le di.
Pero sí hay algo que tengo claro y me sorprende reconocerlo: pasé de considerarla el amor de mi vida a no poder soportar ni su presencia.
El impacto es tan grande que aún me cuesta procesarlo, pero no lo evito.
No lo maquillo.
No lo escondo.
Lo que siento ahora no es rabia.
Tampoco rencor.
No es venganza ni deseo de hacer daño.
Es algo más simple y más crudo:
Es asco.
Asco por cómo me trató.
Asco por cómo jugó con mis miedos mientras hacía lo que me acusaba a mí.
Asco por haberme hecho creer que yo era el problema mientras ella sostenía una mentira.
Asco por haberme hecho cargar con una culpa que no era mía.
Y lo más duro de todo: asco por haber llorado tanto por alguien que no tenía la valentía de ser honesta.
No sé qué pasará mañana, ni dentro de un mes.
Pero hoy, por primera vez en mucho tiempo, siento que mi corazón está viendo la realidad como es… y no como yo necesitaba imaginarla.
Quizá este sea el principio de dejarla ir de verdad.
Quizá este sea el primer paso hacia una vida donde yo no cargue culpas que no me pertenecen.
Quizá… por fin estoy empezando a salir de esto.
Continuará…
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