1105. A quien llegó cuando más me estaba perdiendo

By

Hay personas que entran en tu vida sin hacer ruido, sin pedir permiso, sin anunciarse.

Aparecen un día cualquiera, con una frase sencilla, con una mirada escrita, con una presencia que no esperabas… y, sin darte cuenta, te cambian el rumbo.

Ella llegó así.

En un momento en el que yo apenas podía sostenerme, cuando mi cabeza era un laberinto y mi corazón un campo de ruinas, cuando todo lo que había sido mi mundo acababa de venirse abajo y yo trataba —torpemente— de aprender a respirar sin derrumbarme.

No vino a salvarme.

No vino a sustituir nada ni a ocupar ningún vacío.

No vino a juzgar, ni a exigir, ni a pedirme explicaciones.

Simplemente estuvo.

Y en mi vida, eso siempre ha tenido más valor del que sé decir en voz alta.

Ella me enseñó algo que nadie antes había conseguido:

que incluso en medio de mi caos, había otra forma de mirarme.

Que mis heridas tenían nombre.

Que mis silencios podían abrirse.

Que no estaba condenado a repetir la misma historia una y otra vez.

Me habló desde un lugar que yo desconocía.

Me mostró mis sombras sin señalarlas.

Me sostuvo sin tocarme.

Me enseñó a ver lo que yo no veía:

que no era tan poco como creía,

que no estaba tan roto como pensaba,

que no era tarde para empezar a salvarme.

Y lo más increíble…

lo hizo sin pedirme nada a cambio.

Yo no supe corresponder como merecía.

No supe estar a la altura de su luz.

No siempre estuve presente cuando ella sí lo estuvo.

No respondí con la misma claridad con la que ella me hablaba.

Quizás la fallé.

Quizás aún lo hago.

No sé cuál es la palabra correcta, porque tampoco sé cómo acabará todo esto.

Pero sí sé una cosa:

Le estoy eternamente agradecido.

Por haber entrado en mi vida justo cuando pensé que ya no quedaba nada que rescatar.

Por haberme hablado con una honestidad que me enseñó a ser honesto conmigo.

Por haber sido faro cuando todo era niebla.

Por haber creído en mí incluso en los días en los que yo no podía hacerlo.

Por haberme ayudado —sin saberlo— a dar el paso definitivo para empezar a salvarme.

No sé qué seremos mañana.

No sé qué caminos elegiremos.

La vida sigue su curso y cada uno tiene sus tiempos, sus heridas, sus miedos.

Pero hay algo que quiero dejar escrito hoy, para que no se pierda:

Gracias por todo lo que fuiste cuando yo no era capaz de ser casi nada.

Gracias por lo que me diste sin pedirme.

Gracias por enseñarme a mirarme distinto.

Gracias por ayudarme a comenzar a volver a mí.

Pase lo que pase, lleve el nombre que lleve lo que quede después…

lo que tú despertaste en mí seguirá siendo verdad.

Y eso, en un mundo que cambia tanto, es una forma de eternidad.

Continuará…

Posted In ,

2 respuestas a “1105. A quien llegó cuando más me estaba perdiendo”

  1. Avatar de Mi Viaje a la Lectura

    A veces aparecen personas que te ven incluso desde tus sombras y solo desean sacarte una sonrisa.
    Saben que eres luz aunque tú no puedas verlo en ese momento. Te prestan sus ojos para que te mires distinto y para recordarte que ese lugar oscuro no es tu hogar.
    No buscan agradecimientos.
    Solo desean verte resurgir, como el ave fénix, desde tus propias cenizas: más fuerte, más consciente, pero siempre siendo tú. Con ese corazón bonito que, incluso en tus días más difíciles, sigue latiendo con una nobleza que quizá no alcanzas a notar.
    No tienes que pensar en el futuro ni en lo que tu corazón pudo dar. Te aseguro que, para quienes llegan así a tu vida, lo que diste fue todo… y jamás fallaste.
    Ojalá sigas encontrando en tu camino personas así: que te sostenga sin tocarte, que te vea sin juzgarte, y que te recuerde, cuando haga falta, todo lo que eres incluso cuando no lo puedas ver.

    Le gusta a 1 persona

    1. Avatar de Óscar David

      Hay mensajes que uno lee y siente cómo algo dentro se recoloca.
      El tuyo es uno de esos.
      No sé cómo lo haces, pero siempre encuentras la forma de poner luz justo en el lugar donde a mí me cuesta mirar. Me has leído en mis sombras y, aun así, me has hablado como si detrás de todo eso siguieras viendo algo bueno. Y eso… eso sostiene más de lo que imaginas.
      Ojalá pudiera explicarte lo que significa que alguien me preste “sus ojos” cuando los míos no alcanzan. Porque, aunque yo no suela decirlo, tus palabras han sido un punto de apoyo en días donde no encontraba ninguno. Me han recordado que no todo en mí está roto, que todavía queda algo que merece la pena salvar.
      Lo que dices sobre no fallar… cuesta creerlo, pero reconforta.
      Y agradezco profundamente que lo digas sin pedirme nada a cambio.
      Gracias por estar así, tan de verdad, incluso desde la distancia.
      Gracias por recordarme que este no es mi hogar, que sigo siendo yo, aunque a veces no lo parezca.
      Ojalá todos encontráramos personas como tú en el camino.
      Yo, desde luego, tuve esa suerte.
      Un abrazo enorme, Abril.

      Le gusta a 1 persona

Replica a Mi Viaje a la Lectura Cancelar la respuesta