1116. Cuando el ruido que quiero hacer… es justo lo que no necesito

By

Cuando alguien hace “mucho ruido” al irse es porque, en el fondo, no quiere hacerlo.”

Y quizá por eso llevo días sintiendo esta tensión entre lo que me pide el corazón y lo que por fin empieza a pedirme la vida.

Porque una parte de mí —la más herida, la más humana— querría irme haciendo ruido.

Querría cerrar la puerta tan fuerte que por un segundo sintiera tu atención.

Querría que notaras mi ausencia, que te preguntaras qué cambió, que el eco de mi marcha te golpeara aunque sólo fuera un instante.

Porque, aunque me duela reconocerlo, hay un rincón de mi corazón que sigue rezando para que este no sea el final, para que no sea verdad que no volveré a verte.

Un rincón que todavía tiembla con la idea de desaparecer por completo de tu vida.

Pero la verdad —la que cuesta, la que arde, la que salva— es que ya no tengo fuerzas para hacer ruido, bueno, sí, lo que ocurre es que ya no busco hacerlo.

Estoy demasiado cansado.

Demasiado roto.

Demasiado agotado de intentar que mi presencia importe donde ya no queda espacio para mí.

He comprendido algo que me ha desgarrado, pero que también me está devolviendo aire:

el ruido que quiero hacer por ti es justo el silencio que necesito para mí.

Porque mi cabeza necesita paz.

Porque mi corazón necesita calma.

Porque seguir intentando que me veas, que me escuches, que me sientas… sólo prolonga una herida que ya no tiene nada nuevo que enseñarme.

Y sí, me da miedo desaparecer.

Me da miedo que esta vez sea de verdad.

Me da miedo que no haya vuelta, ni reencuentro, ni ese “quizás” que me mantuvo vivo tanto tiempo.

Pero más miedo me da seguir quedándome en un lugar donde ya no sé quién soy.

Así que no haré ruido.

No porque no me importe,

no porque ya no duela,

no porque no te quiera.

Sino porque, por fin, empiezo a quererme un poco más a mí.

Y a veces, la mayor prueba de amor propio no es marcharse gritando…sino irse en silencio y no volver.

Continuará…

Posted In ,

Deja un comentario